Experiencia, no filosofía. Hay algo de blasfemia en decir que el budismo es perfecto como filosofía o enseñanza, sin saber lo que realmente es.
La mayoría está interesada en estudiar las enseñanzas o la filosofía del budismo. El compararlo con otras religiones aprecian lo satisfactorio que es intelectualmente. Pero que el budismo sea o no filosóficamente profundo profundo o bueno o perfecto no viene al caso. Nuestro propósito es mantener nuestra práctica en su forma más pura.
Para el budismo (y para nosotros) la práctica del zazén en grupo es lo más importante, porque esa práctica es la forma original de vida... No conviene preocuparse por el resultado de nuestros esfuerzos sin determinar antes su origen... Cuando tomamos nuestra naturaleza original y hacemos incesantes esfuerzos sobre esta base, apreciamos el resultado de ellos de momento en momento, día tras día, año tras año. Así es como hemos de apreciar nuestra vida.
En la práctica zazén, tomamos a nuestra forma pura de vida, más allá de toda idea de provecho y más allá de toda fama o ganancia. Mediante la práctica, mantenemos sencillamente nuestra naturaleza original tal cual es.
Es zendo no encierra nada de fantasía. Sencillamente venimos y nos sentamos. Después de comunicarnos unos con otros, nos marchamos a casa y reanudamos nuestra actividad cotidiana como una continuación de nuestra práctica pura, en el disfrute de nuestra verdadera forma de vida.
Shunryu Suzuki, Mente Zen, mente de principiante.
Yoga significa unión; unión del hombre con el universo, del cuerpo con la mente. La meditación es uno de los principios del yoga. La psicología estudia el funcionamiento de la mente también la neurociencia y de cierta manera la sociología y antropología. Aquí encontrarás temas relacionados con todo esto y algo más. Acompáñame en este viaje de aprendizaje que no termina nunca.
domingo, 20 de septiembre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
Sigue las instrucciones de los sabios
El siguiente artículo se publicó en ingles originalmente en la página Yoga-Vidya el 18 de abril del 2009, pueden consultarlo haciendo clic en el título de este artículo.
"Tal como el hombre que corre tras dos conejos no atrapara a ninguno de ellos, así también un meditador que corre tras dos pensamientos conflictivos no tendrá éxito con ninguno de los dos pensamientos. Sólo ten un pensamiento divino en todo momento. Aférrate a el con tenacidad a cualquier costo. Corre tras el pensamiento con mayor vigor, fuerza y concentración. El éxito llegará. No estés ansioso. No actúes de acuerdo a los dictados de tu mente. Actúa de acuerdo a las palabras de los sabios y los santos. El sólo recuerdo de las almas superiores destruye las tendencias ateistas de la gente materialista, los inspira y los empuja a lograr la emancipación final de Brahma-Jnana."
Tomado de “Light, Power and Wisdom” de Swami Sivananda.
"Tal como el hombre que corre tras dos conejos no atrapara a ninguno de ellos, así también un meditador que corre tras dos pensamientos conflictivos no tendrá éxito con ninguno de los dos pensamientos. Sólo ten un pensamiento divino en todo momento. Aférrate a el con tenacidad a cualquier costo. Corre tras el pensamiento con mayor vigor, fuerza y concentración. El éxito llegará. No estés ansioso. No actúes de acuerdo a los dictados de tu mente. Actúa de acuerdo a las palabras de los sabios y los santos. El sólo recuerdo de las almas superiores destruye las tendencias ateistas de la gente materialista, los inspira y los empuja a lograr la emancipación final de Brahma-Jnana."
Tomado de “Light, Power and Wisdom” de Swami Sivananda.
martes, 15 de septiembre de 2009
Habla con palabras mesuradas.
El siguiente artículo se publicó en ingles originalmente en la página Yoga-Vidya el 2 de abril del 2009, pueden consultarlo haciendo clic en el título de este artículo.
“Controla la mente con pericia y tacto. Piensa correcta y claramente. Disciplina el órgano del habla. Habla con dulzura, suavidad y con la verdad. Conviértete en una persona de palabras mesuradas. Se humilde y haz reverencias mentalmente ante todos los seres. Siente la divina presencia en todas partes. Abandona la vanidad, el orgullo y la hipocresía. Nunca hieras a un hombre por el pensamiento, palabra o acción. Haz siempre el bien. Alcanzarás la paz suprema y la felicidad eterna. Entona tu corazón con el Señor orando fervientemente y con sinceridad todos los días. Se humilde y sencillo. Practica la noralidad. Desarrolla la satisfacción. Bebe el Gozo del Alma.”
Tomado de “Light, Power and Wisdom” de Swami Sivananda.
“Controla la mente con pericia y tacto. Piensa correcta y claramente. Disciplina el órgano del habla. Habla con dulzura, suavidad y con la verdad. Conviértete en una persona de palabras mesuradas. Se humilde y haz reverencias mentalmente ante todos los seres. Siente la divina presencia en todas partes. Abandona la vanidad, el orgullo y la hipocresía. Nunca hieras a un hombre por el pensamiento, palabra o acción. Haz siempre el bien. Alcanzarás la paz suprema y la felicidad eterna. Entona tu corazón con el Señor orando fervientemente y con sinceridad todos los días. Se humilde y sencillo. Practica la noralidad. Desarrolla la satisfacción. Bebe el Gozo del Alma.”
Tomado de “Light, Power and Wisdom” de Swami Sivananda.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Las nueve noches de la diosa
El siguiente artículo se publicó en inglés en la página Yoga Basics, pueden consultar el artículo original haciendo clic en el título de este artículo.
"El 29 de septiembre marca el comienzo del festival hindú de la diosa. Se celebra a Navaratri en el mes hindú de Ashvina (Septiembre/Octubre) durante nueve noches y termina en el décimo día, Vijayadashami el día de la victoria. Es uno de los festivales más celebrados en el hinduismo aunque sus variantes son tan coloridas y únicas como la religión hindú misma.
El festival honra el poder de la diosa en tres formas y su victoria sobre el demonio Mahishasura. La leyenda de Navaratri se origina en el Markandeya Purana, un antiguo texto hindú, y habla de un demonio fiero y paciente llamado Mahishasura. El demonio estaba tan dedicado a su práctica que se ganó una bendición del Señor Shiva de que no podría ser derrotado por ningún hombre o dios. Entonces se dedicó a atormentar la tierra y los cielos. Desencantada con el hecho de que ningún dios podía detener a Mahishasura, las diosas Lakshmi, Sarawati y Parvati unieron sus manos en meditación y crearon a la diosa Durga. Durga y Mahishasura pelearon durante nueve noches y en el décimo día, Durga triunfó sobre el demonio enviando la peligrosa ignorancia a la no-existencia.
Las diosas Lakshmi, Sarawati y Parvati son honradadas durante Navaratri. Durga, la destructora de demonios y obstáculos, es reverenciada durante los primeros tres días. En los siguientes tres días se honra a la diosa Laksmi, con el énfasis en la prosperidad y la riqueza. En los tres últimos días del Navaratri, se le rinde homenaje a Sri Saraswate. Ella simboliza la creatividad, la inspiración y el conocimiento. En el décimo día Vijayadahami, el día de la victoria, se celebra la derrota del demonio a manos de la diosa Durga.
Existen algunas variaciones en la estructura reconociendo a Kali los primeros tres días y a Paravti en los tres últimos días del festival. Pero sin duda, Navaratri es el honrar a la divinidad femenina dentro de todos nosotros. El festival nos llama a honrar y a venerar la energía femenina, una práctica que es casi única en la tradición hindú. A las mujeres se las considera no sólo como madres y criadoras, sino como guerreras y diosas poderosas, la personificación de la compasión suprema y la fuerza implacable.
Cuando observamos Navaratri, decidimos honrar a la diosa en cada mujer. Dirigimos nuestra atención durante nueve días de reverencia a la intensa fuerza, la recompensa y a la inspiración que nos ofrece nuestra manifestación femenina. Podemos detenernos y reconocer la esclavitud en las que nos pueden tener nuestra ignorancia e ilusiones pero con la consciencia de que nuestra fuerza interna está representada por las tres diosas, también nosotros podemos celebrar la victoria y la aniquilación de nuestros demonios. Un autor dice: “El asesinato de un demonio por una deidad no es una mera aniquilación física, sino más bien una liberación, una manifestación de la gracia divina”.
Así es que aunque no seamos hindúes, Navaratri puede ser una invitación a tomar consciencia del aspecto femenino en todas las cosas. Conforme avanzas a través de las “nueve noches”, date cuenta de que nuestro aspecto femenino crea fuerza, compasión, riqueza y sabiduría todos los días de nuestra vida. Si eres mujer, hónrate a ti misma, y si no, toma un momento para honrar a la mujer de tu vida."
Todos tenemos una parte masculina y una parte femenina en nuestra naturaleza. Sin embargo, la educación que recibimos nos hace pensar que tanto el hombre como la mujer deben reprimir esa parte de su naturaleza opuesta a su sexo genético. En especial a los hombres se les educa en nuestra sociedad para desechar todos los aspectos “femeninos”, como la compasión, la ternura, la paciencia, etc.
Pero en la meditación podemos buscar esos aspectos reprimidos que llevamos dentro y hacerlos renacer y florecer, esto nos hará seres humanos más completos. Celebremos el Navaratri en nuestra meditación durante nueve días a partir del 29 de septiembre y busquemos esas cualidades del “sexo opuesto” que llevamos dentro de cada uno de nosotros.
"El 29 de septiembre marca el comienzo del festival hindú de la diosa. Se celebra a Navaratri en el mes hindú de Ashvina (Septiembre/Octubre) durante nueve noches y termina en el décimo día, Vijayadashami el día de la victoria. Es uno de los festivales más celebrados en el hinduismo aunque sus variantes son tan coloridas y únicas como la religión hindú misma.
El festival honra el poder de la diosa en tres formas y su victoria sobre el demonio Mahishasura. La leyenda de Navaratri se origina en el Markandeya Purana, un antiguo texto hindú, y habla de un demonio fiero y paciente llamado Mahishasura. El demonio estaba tan dedicado a su práctica que se ganó una bendición del Señor Shiva de que no podría ser derrotado por ningún hombre o dios. Entonces se dedicó a atormentar la tierra y los cielos. Desencantada con el hecho de que ningún dios podía detener a Mahishasura, las diosas Lakshmi, Sarawati y Parvati unieron sus manos en meditación y crearon a la diosa Durga. Durga y Mahishasura pelearon durante nueve noches y en el décimo día, Durga triunfó sobre el demonio enviando la peligrosa ignorancia a la no-existencia.
Las diosas Lakshmi, Sarawati y Parvati son honradadas durante Navaratri. Durga, la destructora de demonios y obstáculos, es reverenciada durante los primeros tres días. En los siguientes tres días se honra a la diosa Laksmi, con el énfasis en la prosperidad y la riqueza. En los tres últimos días del Navaratri, se le rinde homenaje a Sri Saraswate. Ella simboliza la creatividad, la inspiración y el conocimiento. En el décimo día Vijayadahami, el día de la victoria, se celebra la derrota del demonio a manos de la diosa Durga.
Existen algunas variaciones en la estructura reconociendo a Kali los primeros tres días y a Paravti en los tres últimos días del festival. Pero sin duda, Navaratri es el honrar a la divinidad femenina dentro de todos nosotros. El festival nos llama a honrar y a venerar la energía femenina, una práctica que es casi única en la tradición hindú. A las mujeres se las considera no sólo como madres y criadoras, sino como guerreras y diosas poderosas, la personificación de la compasión suprema y la fuerza implacable.
Cuando observamos Navaratri, decidimos honrar a la diosa en cada mujer. Dirigimos nuestra atención durante nueve días de reverencia a la intensa fuerza, la recompensa y a la inspiración que nos ofrece nuestra manifestación femenina. Podemos detenernos y reconocer la esclavitud en las que nos pueden tener nuestra ignorancia e ilusiones pero con la consciencia de que nuestra fuerza interna está representada por las tres diosas, también nosotros podemos celebrar la victoria y la aniquilación de nuestros demonios. Un autor dice: “El asesinato de un demonio por una deidad no es una mera aniquilación física, sino más bien una liberación, una manifestación de la gracia divina”.
Así es que aunque no seamos hindúes, Navaratri puede ser una invitación a tomar consciencia del aspecto femenino en todas las cosas. Conforme avanzas a través de las “nueve noches”, date cuenta de que nuestro aspecto femenino crea fuerza, compasión, riqueza y sabiduría todos los días de nuestra vida. Si eres mujer, hónrate a ti misma, y si no, toma un momento para honrar a la mujer de tu vida."
Todos tenemos una parte masculina y una parte femenina en nuestra naturaleza. Sin embargo, la educación que recibimos nos hace pensar que tanto el hombre como la mujer deben reprimir esa parte de su naturaleza opuesta a su sexo genético. En especial a los hombres se les educa en nuestra sociedad para desechar todos los aspectos “femeninos”, como la compasión, la ternura, la paciencia, etc.
Pero en la meditación podemos buscar esos aspectos reprimidos que llevamos dentro y hacerlos renacer y florecer, esto nos hará seres humanos más completos. Celebremos el Navaratri en nuestra meditación durante nueve días a partir del 29 de septiembre y busquemos esas cualidades del “sexo opuesto” que llevamos dentro de cada uno de nosotros.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Meditación Zen 32
Inclinación, no inclinación. Cuando nos inclinamos a algo bello, eso es también actividad de Buda.
Dogen-Zenji ha dicho: “Aunque es medianoche, el alga está ya aquí: aunque llega el alba, es de noche”.
La práctica del zazén y la actividad cotidiana son la misma cosa. Llamamos zazén a la vida cotidiana y a la vida cotidiana zazén. Pero, generalmente, pensamos “ahora terminó el zazén y vamos a emprender nuestra vida cotidiana”. Mas ésta no es la comprensión correcta. Son la misma cosa.
Toda existencia depende de alguna otra cosa. Estrictamente hablando, no hay existencia individual separada. Hay simplemente muchos nombres para la una existencia. A veces la gente enfatiza la unidad, pero ésta no es nuestra comprensión. Nosotros no recalcamos ningún aspecto en particular, ni siquiera la unidad. La unidad es valiosa, pero la variedad es también maravillosa... La unidad y la variedad son los mismo y por eso ha de apreciarse la unidad de cada existencia y también por eso ha de recalcarse la vida cotidiana y no algún estado mental en particular. Se debe encontrar la realidad de cada instante y cada fenómeno.
Dogen-zeni ha dicho: “aunque todo tiene naturaleza de Buda, nosotros amamos las flores y no nos gusta la maleza.” Esto es cierto en cuanto a la naturaleza humana. Pero el que nos inclinemos a lo bello es de por sí parte de la actividad de Buda. El que no nos guste la maleza es también actividad de Buda.
Dogen ha dicho: Aprender algo es conocerse a sí mismo. Estudiar el budismo es estudiarse a sí mismo”. Aprender algo no es adquirir lo que no se sabía ya de antemano. Uno sabe algo antes de aprenderlo. No hay ninguna brecha entre el “yo” antes de saber algo y el “yo” después de saberlo.
Como dijo Dogen: “Una flor se marchita aunque la amemos, y la maleza crece aunque no la amemos”. Aunque así sea, ésta es nuestra vida.
En el terreno del pensar, hay diferencia entre la unidad y la variedad, pero en la experiencia real, la variedad y la unidad son la misma cosa.
Shunryu Suzuki, Mente Zen, mente de principiante.
Comprender que tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta forman parte de nuestra naturaleza. Son una sola cosa. Lo que nos gusta no es bueno, ni malo. Lo que no nos gusta no es malo, ni bueno. Son juicios, etiquetas, que les asignamos a las cosas en nuestra mente. Las cosas simplemente son.
Dogen-Zenji ha dicho: “Aunque es medianoche, el alga está ya aquí: aunque llega el alba, es de noche”.
La práctica del zazén y la actividad cotidiana son la misma cosa. Llamamos zazén a la vida cotidiana y a la vida cotidiana zazén. Pero, generalmente, pensamos “ahora terminó el zazén y vamos a emprender nuestra vida cotidiana”. Mas ésta no es la comprensión correcta. Son la misma cosa.
Toda existencia depende de alguna otra cosa. Estrictamente hablando, no hay existencia individual separada. Hay simplemente muchos nombres para la una existencia. A veces la gente enfatiza la unidad, pero ésta no es nuestra comprensión. Nosotros no recalcamos ningún aspecto en particular, ni siquiera la unidad. La unidad es valiosa, pero la variedad es también maravillosa... La unidad y la variedad son los mismo y por eso ha de apreciarse la unidad de cada existencia y también por eso ha de recalcarse la vida cotidiana y no algún estado mental en particular. Se debe encontrar la realidad de cada instante y cada fenómeno.
Dogen-zeni ha dicho: “aunque todo tiene naturaleza de Buda, nosotros amamos las flores y no nos gusta la maleza.” Esto es cierto en cuanto a la naturaleza humana. Pero el que nos inclinemos a lo bello es de por sí parte de la actividad de Buda. El que no nos guste la maleza es también actividad de Buda.
Dogen ha dicho: Aprender algo es conocerse a sí mismo. Estudiar el budismo es estudiarse a sí mismo”. Aprender algo no es adquirir lo que no se sabía ya de antemano. Uno sabe algo antes de aprenderlo. No hay ninguna brecha entre el “yo” antes de saber algo y el “yo” después de saberlo.
Como dijo Dogen: “Una flor se marchita aunque la amemos, y la maleza crece aunque no la amemos”. Aunque así sea, ésta es nuestra vida.
En el terreno del pensar, hay diferencia entre la unidad y la variedad, pero en la experiencia real, la variedad y la unidad son la misma cosa.
Shunryu Suzuki, Mente Zen, mente de principiante.
Comprender que tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta forman parte de nuestra naturaleza. Son una sola cosa. Lo que nos gusta no es bueno, ni malo. Lo que no nos gusta no es malo, ni bueno. Son juicios, etiquetas, que les asignamos a las cosas en nuestra mente. Las cosas simplemente son.
martes, 8 de septiembre de 2009
Meditación Zen 31
La creencia en la nada. En nuestra vida cotidiana, el noventa y nueve por ciento de nuestro pensar es de carácter egocéntrico. ¿Por qué sufro? ¿Por qué tengo problemas?
Yo he descubierto la necesidad, la absoluta necesidad, de creer en la nada. Es decir, hay que creer en algo que no tiene forma ni color, en algo que existe antes que todas las formas y los colores aparezcan. Esta es una cuestión muy importante... Cuando se está preparado siempre para aceptar todo lo que vemos, como algo que surge de la nada, a sabiendas de que hay alguna razón para que surja una existencia fenoménica de determinada forma y color, entonces, en ese mismo momento, se logra la serenidad perfecta.
Por eso es absolutamente necesario creer en la nada. Mas eso no quiere decir vacuidad. Hay algo, pero ese algo está siempre preparado para tomar alguna forma en particular, y en su actividad sigue ciertas reglas, teorías o verdades. Esto se llama naturaleza de Buda o el Buda mismo. Cuando esta existencia se personifica, la llamamos Buda; cuando la comprendemos como la suma verdad, la llamamos Dharma y, cuando aceptamos la verdad y actuamos como una parte del Buda o conforme a la teoría, nos llamamos a nosotros mismos Sangha. Pero aunque haya tres formas de Buda, se trata de una existencia que no tiene forma ni color y que siempre está dispuesta a tomar forma y color.
Algunos se disgustan al oír la lluvia mientras están en la cama por la mañana, porque se olvidan de que luego verán salir el radiante sol por el oriente. Cuando concentramos la mente en nosotros mismos, tenemos esta clase de preocupación. Pero cuando nos aceptamos a nosotros mismos como la personificación de la verdad o la naturaleza del Buda, no tenemos preocupación alguna. Pensamos “ahora está lloviendo”, pero no sabemos que pasará después, y a la hora de salir a la calle, tal vez el día sea hermoso o haya tormenta. Y como no sabemos, lo mejor es gozar por ahora del sonido de la lluvia.
Debemos comenzar con la iluminación y proseguir hacia la práctica y luego hacia el pensar... Cuando la iluminación viene primero, antes que el pensar, antes que la práctica, este pensar y esta práctica no se centran en el propio ser.
Shunryu Suzuki, Mente Zen, mente de principiante.
Vivir en el momento, plenamente. No dejar que pase este momento porque es único, porque nunca se repetirá. Sólo existe este momento, que no dura nada, por lo tanto debemos reconocer la naturaleza de nada para comprender la realidad. Simplemente ser en el momento, nada más. !Qué complicado!
Yo he descubierto la necesidad, la absoluta necesidad, de creer en la nada. Es decir, hay que creer en algo que no tiene forma ni color, en algo que existe antes que todas las formas y los colores aparezcan. Esta es una cuestión muy importante... Cuando se está preparado siempre para aceptar todo lo que vemos, como algo que surge de la nada, a sabiendas de que hay alguna razón para que surja una existencia fenoménica de determinada forma y color, entonces, en ese mismo momento, se logra la serenidad perfecta.
Por eso es absolutamente necesario creer en la nada. Mas eso no quiere decir vacuidad. Hay algo, pero ese algo está siempre preparado para tomar alguna forma en particular, y en su actividad sigue ciertas reglas, teorías o verdades. Esto se llama naturaleza de Buda o el Buda mismo. Cuando esta existencia se personifica, la llamamos Buda; cuando la comprendemos como la suma verdad, la llamamos Dharma y, cuando aceptamos la verdad y actuamos como una parte del Buda o conforme a la teoría, nos llamamos a nosotros mismos Sangha. Pero aunque haya tres formas de Buda, se trata de una existencia que no tiene forma ni color y que siempre está dispuesta a tomar forma y color.
Algunos se disgustan al oír la lluvia mientras están en la cama por la mañana, porque se olvidan de que luego verán salir el radiante sol por el oriente. Cuando concentramos la mente en nosotros mismos, tenemos esta clase de preocupación. Pero cuando nos aceptamos a nosotros mismos como la personificación de la verdad o la naturaleza del Buda, no tenemos preocupación alguna. Pensamos “ahora está lloviendo”, pero no sabemos que pasará después, y a la hora de salir a la calle, tal vez el día sea hermoso o haya tormenta. Y como no sabemos, lo mejor es gozar por ahora del sonido de la lluvia.
Debemos comenzar con la iluminación y proseguir hacia la práctica y luego hacia el pensar... Cuando la iluminación viene primero, antes que el pensar, antes que la práctica, este pensar y esta práctica no se centran en el propio ser.
Shunryu Suzuki, Mente Zen, mente de principiante.
Vivir en el momento, plenamente. No dejar que pase este momento porque es único, porque nunca se repetirá. Sólo existe este momento, que no dura nada, por lo tanto debemos reconocer la naturaleza de nada para comprender la realidad. Simplemente ser en el momento, nada más. !Qué complicado!
domingo, 6 de septiembre de 2009
Meditación Zen 30
Disposición, atención. La sabiduría es la disposición de la mente.
Después que nos cuenta de la vacuidad de las cosas, todo se vuelve real, no substancia... nos damos cuenta de qu todo es mera forma y color relativo... Cuando oímos decir por primera vez que todo es una existencia relativa, la mayoría nos sentimos contrariados. Pero esta contrariedad proviene de una noción equivocada del hombre y la naturaleza. Y esto se debe a que nuestra manera de observar las cosas está profundamente arraigada en nuestras ideas centrada en el propio ser, y por eso nos sentimos contrariados cuando descubrimos que todo tiene sólo una existencia relativa.
No es después de practicar el zazén cuando nos damos cuenta de la verdad; aun antes de practicarlo, la comprensión está en nosotros... Darse cuenta de la verdad es vivir, existir ahora y aquí.
Por lo general, solemos comprender la práctica del zazén y la iluminación como dos cosas distintas: aquí está la práctica como un par de anteojos y, cuando ejercemos la práctica, que es como ponernos los anteojos, percibimos la iluminación. Ésta es la comprensión errónea. Los anteojos mismos son la iluminación y ponérselos es también la iluminación. Por lo tanto, hágase lo que se hiciere, o incluso si no se hace nada, la iluminación está ahí siempre... Esta clase de entendimiento equivocado desaparece cuando realmente se comprende que la vacuidad significa que todo está siempre aquí. El ser completo no es la acumulación de todo. Es imposible dividir en partes una existencia entera. Está siempre aquí y siempre funcionando. Esto es la iluminación.
Debemos aceptar sin dificultad las cosas tal cual son. Nuestra mente debe ser lo suficientemente flexible y receptiva como para comprender las cosas tal cual son. Cuando nuestro pensar es flexible, se denomina pensar imperturbable. Este modo de pensar es siempre estable. Se llama atención... Nuestro pensar ha de basarse en la concentración. Esto es atención. Tenga o no objeto, la mente debe mantenerse estable, no dividida. Esto es zazén.
Shunryu Suzuki, Mente Zen, mente de principiante.
Vivir en el momento, en el aquí. ¡Qué cosa tan hermosa! ¡Qué cosa tan difícil! Por eso es que la iluminación nos elude, porque no vivimos en el momento. Porque siempre estamos recordando el pasado o imaginando el futuro. No vivimos el momento, y este momento se escapa, no perdura. Un momento no dura nada, un momento dura toda la eternidad. Vivir en el momento, ¡Qué difícil!
Después que nos cuenta de la vacuidad de las cosas, todo se vuelve real, no substancia... nos damos cuenta de qu todo es mera forma y color relativo... Cuando oímos decir por primera vez que todo es una existencia relativa, la mayoría nos sentimos contrariados. Pero esta contrariedad proviene de una noción equivocada del hombre y la naturaleza. Y esto se debe a que nuestra manera de observar las cosas está profundamente arraigada en nuestras ideas centrada en el propio ser, y por eso nos sentimos contrariados cuando descubrimos que todo tiene sólo una existencia relativa.
No es después de practicar el zazén cuando nos damos cuenta de la verdad; aun antes de practicarlo, la comprensión está en nosotros... Darse cuenta de la verdad es vivir, existir ahora y aquí.
Por lo general, solemos comprender la práctica del zazén y la iluminación como dos cosas distintas: aquí está la práctica como un par de anteojos y, cuando ejercemos la práctica, que es como ponernos los anteojos, percibimos la iluminación. Ésta es la comprensión errónea. Los anteojos mismos son la iluminación y ponérselos es también la iluminación. Por lo tanto, hágase lo que se hiciere, o incluso si no se hace nada, la iluminación está ahí siempre... Esta clase de entendimiento equivocado desaparece cuando realmente se comprende que la vacuidad significa que todo está siempre aquí. El ser completo no es la acumulación de todo. Es imposible dividir en partes una existencia entera. Está siempre aquí y siempre funcionando. Esto es la iluminación.
Debemos aceptar sin dificultad las cosas tal cual son. Nuestra mente debe ser lo suficientemente flexible y receptiva como para comprender las cosas tal cual son. Cuando nuestro pensar es flexible, se denomina pensar imperturbable. Este modo de pensar es siempre estable. Se llama atención... Nuestro pensar ha de basarse en la concentración. Esto es atención. Tenga o no objeto, la mente debe mantenerse estable, no dividida. Esto es zazén.
Shunryu Suzuki, Mente Zen, mente de principiante.
Vivir en el momento, en el aquí. ¡Qué cosa tan hermosa! ¡Qué cosa tan difícil! Por eso es que la iluminación nos elude, porque no vivimos en el momento. Porque siempre estamos recordando el pasado o imaginando el futuro. No vivimos el momento, y este momento se escapa, no perdura. Un momento no dura nada, un momento dura toda la eternidad. Vivir en el momento, ¡Qué difícil!
lunes, 31 de agosto de 2009
miércoles, 26 de agosto de 2009
Reflexiones sobre un viaje a la India 4

La espiritualidad y el problema de la miseria.
He visto la miseria de las ciudades y de los suburbios de las ciudades indias y la miseria de los pueblos indios. En esa miseria económica, espiritual, humana, de completa humillación y pérdida de la dignidad humana y de las mínimas condiciones de una vida digna, vivió, hizo su camino y enseñó Nisargadatta, Ramana Maharshi y otros.
¿Fue el cultivo de una altísima vida espiritual en medio del pueblo pero de espaldas a la miseria del pueblo? ¿Se desentendieron de la miseria del pueblo? ¿Cuál fue su karma-yoga?
Podría parecer que se desentendieron de la miseria, pero no es así.
Mantuvieron viva y presente, en la nueva India, la vieja llama de la sabiduría. Mostraron con toda claridad que otro tipo de humano, de humanidad es posible. Pusieron ante los ojos de todos, orientales y occidentales, lo que es la verdadera condición humana, lo que es la verdadera naturaleza humana, lo que es la verdadera cualidad humana.
Les comprendieron unos pocos y les siguieron también unos pocos, con casi nula incidencia cultural, social, política; pero sin embargo, ahí estaba su realización; ahí estaba explicita la posibilidad de una humanidad de calidad.
¿Qué precio tiene eso, en un mundo perdido y desorientado como el nuestro? Ese es el mejor don que se puede hacer a las nuevas generaciones.
¿Es así como hemos de actuar nosotros?
Primero, la relación maestro discípulo de la tradición india es una relación propia de una sociedad ágrafa, sin los medios de comunicación escrita e informática instantánea de que ahora disponemos.
Los libros sagrados fueron el primer paso para la superación de la limitación ágrafa de la relación de maestro discípulo.
Segundo, no hay camino espiritual posible y serio sin un incondicional karma-yoga. El karma-yoga de Nisargadatta y Ramana Maharshi fue el que fue, en sus condiciones culturales y con sus medios, y fue correcto. Creo que en nuestras condiciones culturales y con nuestros medios no sería del todo correcta esa actitud.
¿Qué es lo que tenemos que hacer nosotros?
La acción social a favor de los menesterosos del tipo Vicente Ferrer o Teresa de Calcuta es admirable, pero es tapar agujeros en un barco que se hunde. Lo que habría que intentar, si se puede, es poner las condiciones adecuadas para la construcción de otro barco. ¿Cómo podemos hacer eso?
No podemos ofrecer un nuevo proyecto político que evite la miseria. No somos políticos. Tampoco somos economistas. Ni podemos pretender ser líderes sociales. Todo eso es tarea de especialistas en esas materias, tanto teóricos como prácticos.
Nosotros tenemos otra cosa que ofrecer: la gran sabiduría de nuestros antepasados; la propuesta que ellos hicieron de otra humanidad de profunda calidad, de interés sin condiciones por todos los vivientes, de despego de sí mismo y de todo, de silencio del propio interés para poder conocer “lo que es”.
Nuestro karma-yoga, nuestro amor y servicio al prójimo es ofrecer, de forma inteligible y eficaz, esa cualidad humana que es la propuesta de todos los grandes maestros de la historia.
Pero nuestra oferta ha de ser hecha en las nuevas condiciones, ya no ágrafas y con los nuevos medios de comunicación. Libros, artículos, Internet, video-conferencias, etc.
Dos tendrían que ser nuestros puntos de trabajo:
Primero y principal, hacer inteligible, practicable y realizable la gran propuesta de los maestros del espíritu en las nuevas condiciones globales, de sociedades plenamente industrializadas, de sociedades de conocimiento, de responsabilidad internacional. Nuestra propuesta no puede ser un proyecto político, ni económico, ni de organización social, ni siquiera moral. Nuestro proyecto ha de ser un proyecto de cualidad humana, de profunda cualidad humana, que sea la base de las construcciones económicas, políticas, morales, sociales.
Segundo, debemos esforzarnos para educar a las gentes, lo más extensamente posible, en esa cualidad, especialmente a las nuevas generaciones. Debemos apuntar al ámbito de la educación en todos sus niveles.
Tercero, Tendríamos que esforzarnos en hacer comprender al mundo de los profesionales, a los medios de comunicación, a la intelectualidad, que el cultivo de la cualidad humana es una condición “sine qua non” para la viabilidad de una sociedad de conocimiento, globalizada y sostenible.
Cuarto, habría que evitar, por todos los medios, hacer el camino espiritual sin un planteo explícito y una puesta en práctica de la necesidad de un karma-yoga sin condiciones. Hay que evitar cultivar la espiritualidad con una actitud egoísta, aunque sea un egoísmo refinado.
Quinto, hay que evitar la tentación de que el karma-yoga sea de efecto inmediato, de tal forma que de sentido a la propia vida y al caminar espiritual. La vida no necesita ningún sentido, le basta con ser; y la vida espiritual se practica por su propio valor, no por el sentido que puede proporcionar.

A modo de conclusiones del viaje a la India.
1º. En la mayoría del pueblo vive una miseria grave, suciedad en las calles, humillación, rebajamiento de la dignidad humana por la urgencia de la sobrevivencia, superpoblación, contaminación grave, falta de condiciones higiénicas en todo, menos en las personas, que van limpias. Se da una mezcla insalubre e ilógica de vacas, búfalos, perros, cabras, monos, por las calles; esos animales comen porquerías y ensucian seriamente las calles.
Sin una ayuda internacional ¿podrán salir de la miseria 700 u 800 millones de pobres?
¿Cómo ha llegado ahí un pueblo inteligente y no indolente? Por la explotación sistemática de los poderosos: señores arios, señores hindúes, mogoles, ingleses e indios. Una explotación extrema y una humillación de milenios han generado la miseria de las masas indias.
Las grandes construcciones de los Maharahás, de los señores mogoles son, a la vez un lujo ostentoso e inútil, un abuso de poder al servicio del lujo y del egoísmo extremo, y una maravilla de belleza casi insuperable.
La India ha engendrado hombres entre lo más sabios de nuestra especie, artistas de grandísima valía y, también, generaciones de tiranos que han humillado y explotado al pueblo y la han dejado en una miseria casi irrecuperable.
2º. En la India queda patente que la religión, como intuición de la dimensión absoluta de la realidad y como sistema de creencias, tiene la misma fuente de sacralidad que el poder.
El poder tiene sacralidad autónoma de la religión agraria, porque la religión y el poder tienen la misma fuente de sacralidad: la hierofanía de lo Absoluto en un eje central de supervivencia para el pueblo: la autoridad.
De ahí se sigue que la religión no tiene capacidad de controlar al poder; por estructura tiene que aliarse con él.
Los monoteísmos, en las culturas agrarias, se agrarizan, es decir, se hacen compatibles con un tipo u otro de politeísmo práctico.
La religión, en la India, a penas muestra rasgos serios de espiritualidad. La gran espiritualidad en la India funciona al margen de la estructura “religión/poder” y no tiene capacidad para corregir su marcha, si no es excepcionalmente, porque es demasiado sutil.
3º. La religión para el pueblo es una cierta conciencia de la dimensión absoluta de lo real, más la clara conciencia de la necesidad y precariedad absoluta. Se acude a esa dimensión absoluta, en las formas védicas e hindúes, para pedir auxilio. No es magia, pero los rituales se degradan hacia ella por la pobreza de la experiencia espiritual y por la profundidad de la necesidad.
No parece haber a penas nada más en las masas indias.
Por lo que parece, el Islam tiene una actitud más digna. Quizás también los sikh.
4º. La India reafirma nuestro convencimiento de que hemos de vaciarnos de las religiones como sistemas de creencias y apuntar explícitamente a la gran espiritualidad, esté donde esté.
No podemos practicar la espiritualidad como Nisargadatta, con unas formas de relación maestro/discípulo ágrafas, sin tener en cuenta los medios de comunicación escritos y los informáticos.
En nuestras sociedades ya no existe el paquete “poder/religión”. El poder carece de legitimación hierofánica; la religión, como sistema de creencias no se puede sostener en las sociedades plenamente industrializadas y de innovación y cambio.
Estamos axiológicamente desarticulados y sin lugares claros y fijos de hierofanía.
Requerimos cultivar explícitamente la dimensión absoluta de lo real. No hay ningún lugar privilegiado donde aparezca para todos.
Hay que cultivar IDS para todos, y el gran IDS para quienes sean capaces. Hay que estudiar las formas adecuadas para nuestra cultura global.
Este es nuestro karma-yoga, nuestro servicio sin condiciones a la especie. Sin ese servicio incondicional no hay camino interior posible.
He salido de la India con lo que me han enseñado sus templos, la miseria de sus gentes, su humillación que no les ha hecho perder la dignidad, su lucha desesperada por sobrevivir, la ostentación caprichosa de sus gobernantes.
La religión de los pobres está degradada, como su humanidad. Sus grandes sabios, sus grandes tradiciones de espiritualidad y calidad humana son un legado para toda la humanidad. Nosotros en Occidente podemos rescatarlos; ellos están demasiado ocupados en salir de la miseria.
martes, 25 de agosto de 2009
Reflexiones sobre un viaje a la India 3
En la India se adquiere conciencia de la insignificancia humana.
Cuando uno mira el cielo estrellado nocturno y cuando se tiene noticia de de los millones de estrellas en nuestra galaxia y de los millones de galaxias, cobra conciencia de la insignificancia de nuestro pequeño planeta y de la radical insignificancia humana. Pues viviendo y moviéndose por la India uno tiene una experiencia semejante. Por todas partes cantidades enormes de personas, cada una persiguiendo sobrevivir como puede.
Ante esas masas humanas, uno cobra conciencia clara de la insignificancia de la vida de cada uno de los humanos. Millones de personas que se suceden en generaciones ininterrumpidamente durante miles de años. ¿Qué importa un individuo más o uno menos? ¡Qué insignificantes somos cada uno de los individuos! Tan insignificantes como las hormigas de un hormiguero.

El culto a las imágenes.
Todas las imágenes son símbolos que apuntan a lo que no son ellas, a lo que las trasciende absolutamente. Desde ese punto de vista todos valen o no valen por igual.
¿Son unos más expresivos que otros? Quizás, pero eso no tiene gran importancia, si se tiene en cuenta la trascendencia de aquello a lo que apuntan. En este sentido, tanto vale una imagen de Durga o Kali que una imagen cristiana.
Las imágenes, desde la epistemología mítica, representaban, describían, aunque fuera sólo analógicamente, aquello a lo que apuntaban; lo hacía presente tal cual “Eso es”, en alguno de sus aspectos.
La epistemología mítica sólo modelaba a modo humano aquello que es inmodelable, aquello que está vacío de toda posible modelación. En este sentido, nuestras modelaciones, nuestras representaciones hacen presente, de alguna forma, aquello a que se refieren, pero sabemos su absoluta inadecuación. Por tanto, si tomamos demasiado en serio esas imágenes, nos desvían del camino recto. Siendo así, no podemos y no debemos dar culto a las imágenes. Su función será sólo la de recordatorio bien orientado y eficaz. Habría que eliminar de ellas todo lo que induce al culto, tal como altares, plegarias a la imagen o símbolo, etc.
Las imágenes y símbolos deben ser vividos y usados sin epistemología mítica, con cuidado y lucidez, de lo contrario desvían “del sutil”, “del que está vacío de toda forma” que podamos darle, “del que es totalmente otro”, del que ni es sujeto ni objeto ni individuación.

El politeísmo de la India y los monoteísmos.
Podría sostenerse que todos los pueblos agricultores practicaron una forma u otra de politeísmo o su equivalente: Sumer, Acad, Babilonia, Asiria, Egipto, India, Roma. También se puede afirmar lo mismo de China, aunque su politeísmo sea especial por el filtro del confucianismo. Todos los países de la cuenca mediterránea antes de la entrada del Islam, las culturas centro americanas, mexicanas, aztecas, incas, etc.
El cultivo de la tierra revela muchos lugares de sacralidad, muchos lugares hierofánicos: la tierra, el cielo, la meteorología, la fertilidad, la guerra, la autoridad, el cultivo, etc. Esos diversos lugares reveladores de la sacralidad adoptaban figuras de dioses y diosas.
A medida que las sociedades agrarias se estructuraban y jerarquizaban, el dios de dioses se acentuaba y se acentuaba, con ello, la tendencia a un monoteísmo. Una sola autoridad política y un solo dios supremo que no excluye el politeísmo connatural a la agricultura.
Podría decirse que el dios único se manifiesta de mil maneras. Así ocurrió en las grandes culturas agrario-autoritarias.
La India es, a la vez, monoteísta y politeísta. De Grecia, Roma y Egipto podría afirmarse algo semejante.
Los grandes politeísmos adoptan figuras diferentes, según sus raíces culturales. Mesopotamia se mueve en la tradición de Sumer; India en la tradición de los dioses védicos; Grecia y Roma en la tradición olímpica, etc. Los dioses de estas culturas son muy diferentes, pero los lugares de hierofanía que dan pie a esas figuras son muy parecidos.
Si en Europa no hubiera irrumpido el cristianismo, aliado del Imperio Romano, tendríamos, probablemente, una cultura religiosa parecida a la India, pero con formas olímpicas.
Lo que cambió la estructura religiosa de Europa, en relación a al India, fue la versión del cristianismo de Pablo y Juan, reelaborado por los Padres de la Iglesia. La versión judía del cristianismo no hubiera podido se adoptada por el Imperio. Y si hubiera vencido la interpretación gnóstica del movimiento de Jesús, nuestro parecido a la india hubiera sido aún mayor: politeísmo-monoteísta olímpico, cultos mistéricos funcionando por todo el Imperio y, sobre todo, un cristianismo iniciático de experiencia interior más que de creencias. El gnosticismo sin duda hubiera evolucionado de su dualismo inicial y se hubiera refinado.
Todos los monoteísmos rigurosos que penetran en culturas agrarias, se reacomodan, podríamos decir que se corrigen: en el cristianismo los santos y la Virgen jugaron un papel semejante a los dioses del politeísmo; lo mismo se podría decir de los santones del Islam de la cuenca mediterránea, o del culto a los antepasados de China.
Como conclusión: otra vez podemos comprobar que las formas de vida determinan la forma de representar y vivir la dimensión absoluta de la realidad, y lo inadecuado de la epistemología mítica en la nueva situación cultural.

Visita a los palacios del Maharahá de Jaipur.
La sacralización de la autoridad fue necesaria y una consecuencia del tipo de vida agrario; pero en la mayoría de los casos se convirtió en una calamidad, una plaga que devoraba los escasos bienes de los campesinos.
Quien tiene la legitimación de la sacralidad, más la capacidad militar de represión, puede utilizar las dos cosas en provecho propio. Y así lo hicieron. Basta con visitar los lujosísimos palacios y fortines indios para convencerse de ello.
Y de ese poder no se beneficiaba sólo el soberano, sino que también lo hacían todos los que le sustentaban, los que eran los apoyos de su poder: los nobles, los jefes militares. Y todo eso cargando sobre las espaldas de los campesinos
Miles de años de esta situación generaron la miseria que abruma a la India. De hecho, la religión legitimó esta situación; quizás la mitigó algo, pero ni mucho menos lo suficiente. Los líderes y jerarcas religiosos se beneficiaron de su alianza con el poder.
Pero hay algo más grave: de la estructura autoritaria que se consigue imponer en una sociedad agraria, depende la vida del pueblo. Si la autoridad ejerce las funciones que ha de cumplir: administración de recursos, resolución de conflictos, orden público, defensa del pueblo contra los enemigos exteriores, aunque lo haga de forma despótica, en esas funciones, centrales para la vida del pueblo, se manifiesta la dimensión absoluta de la realidad, independientemente de la catadura moral del jerarca.
Podría afirmarse que, en las sociedades agrarias, la autoridad es siempre jerarquía, autoridad sagrada. La religión, como proyecto de vida individual y colectivo querido por los dioses no tiene poder para deslegitimar la autoridad y su sacralidad; a lo más puede intentar moralizarla, responsabilizarla; pero la sacralidad de la autoridad es autónoma de la forma religiosa establecida.
Es la hierofanía que se manifiesta en la autoridad la que, en gran parte, legitima también a la religión. Se establece una circularidad de causa y efecto entre la autoridad y la religión: la autoridad, con su hierofanía, fundamente a la religión, y la religión con su sacralidad, sus mitos y su proyecto de vida y sistema de creencias, legitima a la autoridad.
La religión requiere de la autoridad para imponer su sistema de creencias y la autoridad requiere de la religión para su explícita sacralización. Sin embargo, el ejercicio de la autoridad es eje, a la vez, del sistema social y político y del sistema de creencias. Autoridad social y política y religión están ligadas a un hecho hierofánicos básico en un concreto estilo de vida agrario amplio. Autoridad y religión están amarradas a un mismo hecho hierofánico.
La religión como sistema de creencias, moralidad y proyecto de vida no puede desligarse del principio autoritario y tiene que concebir al Absoluto como Señor; y la autoridad social no puede desligarse de la religión a menos de atentar contra su mismo hecho hierofánico y su misma legitimidad.
Sólo la profunda vida espiritual, el silencio de toda estructura programadora puede disolver ese lazo de acero entre poder y religión, y deslegitimar a la autoridad tanto civil como religiosa, si conviene.
La religión agraria es la formulación, mediante mitos, símbolos y rituales, de las dos hierofanías básicas y fundamentales para las sociedades agrarias: la autoridad y el cultivo. Formulan, expresan esas dos hierofanías centrales, y expresándolas hacen posible su vivencia. Posibilitando esa experiencia, sustentan la naturaleza propiamente humana de doble experiencia de la realidad, la absoluta y la relativa.
De esas expresiones fundamentales deducen mítica y prácticamente lo que deberá ser el modo de vida de la colectividad; dicho de otra manera, construyen el proyecto colectivo.
Por consiguiente, la religión arranca del hecho autoritario y agrario y de las hierofanías que ahí se producen. No puede, pues, oponerse ni a la autoridad, ni a la agricultura, porque son el fundamente experiencial de su construcción. Por consiguiente, la relación entre autoridad y religión será o de fusión –las hierocrácias tales como las ciudades estado sumerias, la egipcia, las mesoamericanas, la incaica, en cierta medida las monarquías helenistas o el caso del Islam, que sin ser estrictamente una hierocracia, porque no hay sacerdocio ni iglesia, se acerca a ello-, o de pacto, -como es el caso cristiano-.
No podrá darse, como pretendían los pontífices católicos en la guerra de las investiduras y quizás Jomeini, el control de la religión sobre la autoridad. No es coherente esa pretensión, porque la autoridad no recibe su sacralidad de la religión, la tiene por sí misma en las sociedades agrarias.
Cuando uno mira el cielo estrellado nocturno y cuando se tiene noticia de de los millones de estrellas en nuestra galaxia y de los millones de galaxias, cobra conciencia de la insignificancia de nuestro pequeño planeta y de la radical insignificancia humana. Pues viviendo y moviéndose por la India uno tiene una experiencia semejante. Por todas partes cantidades enormes de personas, cada una persiguiendo sobrevivir como puede.
Ante esas masas humanas, uno cobra conciencia clara de la insignificancia de la vida de cada uno de los humanos. Millones de personas que se suceden en generaciones ininterrumpidamente durante miles de años. ¿Qué importa un individuo más o uno menos? ¡Qué insignificantes somos cada uno de los individuos! Tan insignificantes como las hormigas de un hormiguero.

El culto a las imágenes.
Todas las imágenes son símbolos que apuntan a lo que no son ellas, a lo que las trasciende absolutamente. Desde ese punto de vista todos valen o no valen por igual.
¿Son unos más expresivos que otros? Quizás, pero eso no tiene gran importancia, si se tiene en cuenta la trascendencia de aquello a lo que apuntan. En este sentido, tanto vale una imagen de Durga o Kali que una imagen cristiana.
Las imágenes, desde la epistemología mítica, representaban, describían, aunque fuera sólo analógicamente, aquello a lo que apuntaban; lo hacía presente tal cual “Eso es”, en alguno de sus aspectos.
La epistemología mítica sólo modelaba a modo humano aquello que es inmodelable, aquello que está vacío de toda posible modelación. En este sentido, nuestras modelaciones, nuestras representaciones hacen presente, de alguna forma, aquello a que se refieren, pero sabemos su absoluta inadecuación. Por tanto, si tomamos demasiado en serio esas imágenes, nos desvían del camino recto. Siendo así, no podemos y no debemos dar culto a las imágenes. Su función será sólo la de recordatorio bien orientado y eficaz. Habría que eliminar de ellas todo lo que induce al culto, tal como altares, plegarias a la imagen o símbolo, etc.
Las imágenes y símbolos deben ser vividos y usados sin epistemología mítica, con cuidado y lucidez, de lo contrario desvían “del sutil”, “del que está vacío de toda forma” que podamos darle, “del que es totalmente otro”, del que ni es sujeto ni objeto ni individuación.

El politeísmo de la India y los monoteísmos.
Podría sostenerse que todos los pueblos agricultores practicaron una forma u otra de politeísmo o su equivalente: Sumer, Acad, Babilonia, Asiria, Egipto, India, Roma. También se puede afirmar lo mismo de China, aunque su politeísmo sea especial por el filtro del confucianismo. Todos los países de la cuenca mediterránea antes de la entrada del Islam, las culturas centro americanas, mexicanas, aztecas, incas, etc.
El cultivo de la tierra revela muchos lugares de sacralidad, muchos lugares hierofánicos: la tierra, el cielo, la meteorología, la fertilidad, la guerra, la autoridad, el cultivo, etc. Esos diversos lugares reveladores de la sacralidad adoptaban figuras de dioses y diosas.
A medida que las sociedades agrarias se estructuraban y jerarquizaban, el dios de dioses se acentuaba y se acentuaba, con ello, la tendencia a un monoteísmo. Una sola autoridad política y un solo dios supremo que no excluye el politeísmo connatural a la agricultura.
Podría decirse que el dios único se manifiesta de mil maneras. Así ocurrió en las grandes culturas agrario-autoritarias.
La India es, a la vez, monoteísta y politeísta. De Grecia, Roma y Egipto podría afirmarse algo semejante.
Los grandes politeísmos adoptan figuras diferentes, según sus raíces culturales. Mesopotamia se mueve en la tradición de Sumer; India en la tradición de los dioses védicos; Grecia y Roma en la tradición olímpica, etc. Los dioses de estas culturas son muy diferentes, pero los lugares de hierofanía que dan pie a esas figuras son muy parecidos.
Si en Europa no hubiera irrumpido el cristianismo, aliado del Imperio Romano, tendríamos, probablemente, una cultura religiosa parecida a la India, pero con formas olímpicas.
Lo que cambió la estructura religiosa de Europa, en relación a al India, fue la versión del cristianismo de Pablo y Juan, reelaborado por los Padres de la Iglesia. La versión judía del cristianismo no hubiera podido se adoptada por el Imperio. Y si hubiera vencido la interpretación gnóstica del movimiento de Jesús, nuestro parecido a la india hubiera sido aún mayor: politeísmo-monoteísta olímpico, cultos mistéricos funcionando por todo el Imperio y, sobre todo, un cristianismo iniciático de experiencia interior más que de creencias. El gnosticismo sin duda hubiera evolucionado de su dualismo inicial y se hubiera refinado.
Todos los monoteísmos rigurosos que penetran en culturas agrarias, se reacomodan, podríamos decir que se corrigen: en el cristianismo los santos y la Virgen jugaron un papel semejante a los dioses del politeísmo; lo mismo se podría decir de los santones del Islam de la cuenca mediterránea, o del culto a los antepasados de China.
Como conclusión: otra vez podemos comprobar que las formas de vida determinan la forma de representar y vivir la dimensión absoluta de la realidad, y lo inadecuado de la epistemología mítica en la nueva situación cultural.

Visita a los palacios del Maharahá de Jaipur.
La sacralización de la autoridad fue necesaria y una consecuencia del tipo de vida agrario; pero en la mayoría de los casos se convirtió en una calamidad, una plaga que devoraba los escasos bienes de los campesinos.
Quien tiene la legitimación de la sacralidad, más la capacidad militar de represión, puede utilizar las dos cosas en provecho propio. Y así lo hicieron. Basta con visitar los lujosísimos palacios y fortines indios para convencerse de ello.
Y de ese poder no se beneficiaba sólo el soberano, sino que también lo hacían todos los que le sustentaban, los que eran los apoyos de su poder: los nobles, los jefes militares. Y todo eso cargando sobre las espaldas de los campesinos
Miles de años de esta situación generaron la miseria que abruma a la India. De hecho, la religión legitimó esta situación; quizás la mitigó algo, pero ni mucho menos lo suficiente. Los líderes y jerarcas religiosos se beneficiaron de su alianza con el poder.
Pero hay algo más grave: de la estructura autoritaria que se consigue imponer en una sociedad agraria, depende la vida del pueblo. Si la autoridad ejerce las funciones que ha de cumplir: administración de recursos, resolución de conflictos, orden público, defensa del pueblo contra los enemigos exteriores, aunque lo haga de forma despótica, en esas funciones, centrales para la vida del pueblo, se manifiesta la dimensión absoluta de la realidad, independientemente de la catadura moral del jerarca.
Podría afirmarse que, en las sociedades agrarias, la autoridad es siempre jerarquía, autoridad sagrada. La religión, como proyecto de vida individual y colectivo querido por los dioses no tiene poder para deslegitimar la autoridad y su sacralidad; a lo más puede intentar moralizarla, responsabilizarla; pero la sacralidad de la autoridad es autónoma de la forma religiosa establecida.
Es la hierofanía que se manifiesta en la autoridad la que, en gran parte, legitima también a la religión. Se establece una circularidad de causa y efecto entre la autoridad y la religión: la autoridad, con su hierofanía, fundamente a la religión, y la religión con su sacralidad, sus mitos y su proyecto de vida y sistema de creencias, legitima a la autoridad.
La religión requiere de la autoridad para imponer su sistema de creencias y la autoridad requiere de la religión para su explícita sacralización. Sin embargo, el ejercicio de la autoridad es eje, a la vez, del sistema social y político y del sistema de creencias. Autoridad social y política y religión están ligadas a un hecho hierofánicos básico en un concreto estilo de vida agrario amplio. Autoridad y religión están amarradas a un mismo hecho hierofánico.
La religión como sistema de creencias, moralidad y proyecto de vida no puede desligarse del principio autoritario y tiene que concebir al Absoluto como Señor; y la autoridad social no puede desligarse de la religión a menos de atentar contra su mismo hecho hierofánico y su misma legitimidad.
Sólo la profunda vida espiritual, el silencio de toda estructura programadora puede disolver ese lazo de acero entre poder y religión, y deslegitimar a la autoridad tanto civil como religiosa, si conviene.
La religión agraria es la formulación, mediante mitos, símbolos y rituales, de las dos hierofanías básicas y fundamentales para las sociedades agrarias: la autoridad y el cultivo. Formulan, expresan esas dos hierofanías centrales, y expresándolas hacen posible su vivencia. Posibilitando esa experiencia, sustentan la naturaleza propiamente humana de doble experiencia de la realidad, la absoluta y la relativa.
De esas expresiones fundamentales deducen mítica y prácticamente lo que deberá ser el modo de vida de la colectividad; dicho de otra manera, construyen el proyecto colectivo.
Por consiguiente, la religión arranca del hecho autoritario y agrario y de las hierofanías que ahí se producen. No puede, pues, oponerse ni a la autoridad, ni a la agricultura, porque son el fundamente experiencial de su construcción. Por consiguiente, la relación entre autoridad y religión será o de fusión –las hierocrácias tales como las ciudades estado sumerias, la egipcia, las mesoamericanas, la incaica, en cierta medida las monarquías helenistas o el caso del Islam, que sin ser estrictamente una hierocracia, porque no hay sacerdocio ni iglesia, se acerca a ello-, o de pacto, -como es el caso cristiano-.
No podrá darse, como pretendían los pontífices católicos en la guerra de las investiduras y quizás Jomeini, el control de la religión sobre la autoridad. No es coherente esa pretensión, porque la autoridad no recibe su sacralidad de la religión, la tiene por sí misma en las sociedades agrarias.
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