¿De qué forma se relacionan el yoga y el sexo? ¿Hay alguna conexión entre ellos? ¿Es el sexo una palabra tabú para los yoguis?
No es sencillo responder a estas preguntas, y probablemente no sea yo la persona con más autoridad en este tema, pero por lo menos hoy tengo ganas de aportar una pequeña reflexión sobre el asunto, un granito de arena de lo que espero se convierta en un animado debate.
Como en otras disciplinas espirituales, históricamente la práctica del sexo era algo que se desaconsejaba al yogui. De hecho, si nos remitimos a las fuentes más antiguas del yoga, los “Yoga sutras” de Patañjali, se nos dice que uno de los ocho miembros o estadios del yoga es Niyama, que implica la autopurificación por la disciplina.
Dentro de Niyama encontramos el miembro Tapas, que significa arder, resplandecer, o por el contrario sufrir dolor y consumirse por el fuego. Uno de los elementos de Tapas es brahmacharya (contención) en el que de alguna forma se censura el deseo sexual, aunque no de una forma tan contundente como en religiones como el cristianismo o el Islam.
En este sentido, esta contención se refiere más bien a que no podemos dar rienda suelta a todos nuestros instintos naturales, pero que tampoco podemos reprimirlos. Ambas situaciones nos llevan al desequilibrio interior y por lo tanto, nos hace infelices.
La clave, como en todo, está en una postura intermedia, en donde el sexo (si es con la persona amada) es uno de los medios que nos pueden conducir a la felicidad, pero no puede ser en ningún caso un fin.
Volviendo a nuestro querido siglo XXI, en general nadie (salvo grupos extremistas) condena o puede condenar la práctica sexual. Lo que en cambio sí que se puede fomentar desde el yoga, es a apostar por un sexo consciente, aquí y ahora, que tiene en la persona con la que se practica el objeto de su devoción.
Se trata pues de un sexo que apuesta por la complicidad, por el conocimiento mutuo, por alargar los tiempos, que se toma su tiempo, que necesita de su tiempo, y que implica no sólo una unión puramente física sino que trasciende a otros planos.
Se puede decir que en muchos puntos, si damos una visión “yóguica” a nuestras relaciones sexuales estaremos optando por una práctica tántrica (en el sentido original del término) con la salvedad de que no optamos por el sexo como un camino hacia una comunión espiritual con lo divino, sino más bien por una felicidad que nos desborda.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 10 de noviembre de 2009.
Por sadhaka
Yoga significa unión; unión del hombre con el universo, del cuerpo con la mente. La meditación es uno de los principios del yoga. La psicología estudia el funcionamiento de la mente también la neurociencia y de cierta manera la sociología y antropología. Aquí encontrarás temas relacionados con todo esto y algo más. Acompáñame en este viaje de aprendizaje que no termina nunca.
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lunes, 30 de agosto de 2010
miércoles, 25 de agosto de 2010
Observar la respiración
Una de las primeras cosas en las que hacen hincapié todos los manuales y libros de meditación es la importancia que tiene que seamos capaces de observar nuestra propia respiración. Observar la respiración suele pasar al principio, por simplemente sentarnos, entornar los ojos y contar el número de respiraciones que realizamos a lo largos de diez o quince minutos. Esto que parece bastante sencillo, es en realidad la base sobre la que se asienta toda la meditación oriental.
Como os podéis imaginar, estar presentes en todo momento observando nuestra respiración no es tan sencillo como parece cuando se lee en un libro. La mente, especialmente si no estamos acostumbrados, tiende a distraerse continuamente, bien fantaseando con el futuro, bien recordando el pasado.
Un error bastante común que cometen las personas que se enfrentan por primera vez a la meditación es decirse a sí mismos: “voy a dejar la mente en blanco, no voy a pensar en nada y simplemente voy a concentrarme en mi respiración”.
Este tipo de planteamiento suele conducirnos muy al contrario a una mente mucho más distraída, que se rebela frente a una orden directa que le estamos dando como si fuésemos un sargento.
La actitud correcta es en cambio decirnos a nosotros mismos:“sé que mi mente se va a distraer, pero tengo que aceptar lo que surja tal y como surja”. De esta forma cuando nos demos cuenta que nuestra mente no está donde debería (en nuestra respiración) lo único que deberemos de hacer es “corregir su posición” sin realizar un juicio de valor.
Al principio nos costará bastante, pero si realizamos esta práctica durante semanas (incluso meses) pronto nos daremos cuenta de que no nos sentimos tan estresados, que nos concentramos mejor cuando realizamos una tarea y que en general nos sentimos mejor con nosotros mismos. Y es que pocos consejos han tenido tanta importancia en la historia de la humanidad como el que dice “no te olvides de respirar”.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 17 de noviembre de 2009
Por sadhaka
Como os podéis imaginar, estar presentes en todo momento observando nuestra respiración no es tan sencillo como parece cuando se lee en un libro. La mente, especialmente si no estamos acostumbrados, tiende a distraerse continuamente, bien fantaseando con el futuro, bien recordando el pasado.
Un error bastante común que cometen las personas que se enfrentan por primera vez a la meditación es decirse a sí mismos: “voy a dejar la mente en blanco, no voy a pensar en nada y simplemente voy a concentrarme en mi respiración”.
Este tipo de planteamiento suele conducirnos muy al contrario a una mente mucho más distraída, que se rebela frente a una orden directa que le estamos dando como si fuésemos un sargento.
La actitud correcta es en cambio decirnos a nosotros mismos:“sé que mi mente se va a distraer, pero tengo que aceptar lo que surja tal y como surja”. De esta forma cuando nos demos cuenta que nuestra mente no está donde debería (en nuestra respiración) lo único que deberemos de hacer es “corregir su posición” sin realizar un juicio de valor.
Al principio nos costará bastante, pero si realizamos esta práctica durante semanas (incluso meses) pronto nos daremos cuenta de que no nos sentimos tan estresados, que nos concentramos mejor cuando realizamos una tarea y que en general nos sentimos mejor con nosotros mismos. Y es que pocos consejos han tenido tanta importancia en la historia de la humanidad como el que dice “no te olvides de respirar”.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 17 de noviembre de 2009
Por sadhaka
lunes, 23 de agosto de 2010
Aquí y ahora
Una de las cosas que más llaman la atención al estudiante de yoga que poco a poco se introduce en el mundo de la meditación es cuando por primera vez le hablan del “aquí” y el “ahora”. El “aquí y el ahora” es probablemente una de las máximas más repetidas no sólo en el yoga o en el budismo, sino que impregna prácticamente toda la filosofía oriental.
Pese a que en apariencia son dos conceptos sencillos, “aquí y ahora” se nos escapan de las manos cada vez intentamos realizar un análisis que vaya un poquito más lejos de lo superficial. En este sentido, lo que afirma Dogen en su “Shobogenzo” resume perfectamente la aparente “sencillez” del concepto. Dice lo siguiente:
“Sin mirar hacia el mañana en cada momento, sólo tienes que pensar en este día y en esta hora. Como el mañana es arduo e incierto y difícil de conocer, tienes que pensar en seguir el camino budista mientras vives hoy (…) Has de concentrarte en la práctica del Zen sin perder tiempo, pensando que sólo hay este día y esta hora. Después todo se torna verdaderamente fácil. Tienes que olvidarte de todo lo referente a lo bueno y a lo malo de la naturaleza, a la fuerza o debilidad de tu poder”
Fuente: Cuaderno de Yoga, 27 de septiembre de 2009
Por sadhaka
Pese a que en apariencia son dos conceptos sencillos, “aquí y ahora” se nos escapan de las manos cada vez intentamos realizar un análisis que vaya un poquito más lejos de lo superficial. En este sentido, lo que afirma Dogen en su “Shobogenzo” resume perfectamente la aparente “sencillez” del concepto. Dice lo siguiente:
“Sin mirar hacia el mañana en cada momento, sólo tienes que pensar en este día y en esta hora. Como el mañana es arduo e incierto y difícil de conocer, tienes que pensar en seguir el camino budista mientras vives hoy (…) Has de concentrarte en la práctica del Zen sin perder tiempo, pensando que sólo hay este día y esta hora. Después todo se torna verdaderamente fácil. Tienes que olvidarte de todo lo referente a lo bueno y a lo malo de la naturaleza, a la fuerza o debilidad de tu poder”
Fuente: Cuaderno de Yoga, 27 de septiembre de 2009
Por sadhaka
miércoles, 18 de agosto de 2010
Apreciar la impermanencia
En su libro Pensamientos sin pensador, el pisquiatra Mark Epstein cuenta esta enseñanza del maestro tailandés de meditación, Achaan Chaa.
“¿Ve esta copa”, pregunta Achaan Chaa. “Para mí, este vaso ya está roto. Lo disfruto; bebo de él. Contiene mi agua admirablemente, a veces incluso refleja el sol en hermosos dibujos. Si tamborileo en él, tiene un sonido encantador.
Pero cuando pongo este vaso en el estante y el viento lo tumba o mi codo lo empuja de la mesa y se cae al suelo y se rompe en añicos, digo: Por supuesto.
Cuando entiendo que el vaso ya está roto, cada momento con él es precioso.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 4 de noviembre de 2009
Por sadaka
“¿Ve esta copa”, pregunta Achaan Chaa. “Para mí, este vaso ya está roto. Lo disfruto; bebo de él. Contiene mi agua admirablemente, a veces incluso refleja el sol en hermosos dibujos. Si tamborileo en él, tiene un sonido encantador.
Pero cuando pongo este vaso en el estante y el viento lo tumba o mi codo lo empuja de la mesa y se cae al suelo y se rompe en añicos, digo: Por supuesto.
Cuando entiendo que el vaso ya está roto, cada momento con él es precioso.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 4 de noviembre de 2009
Por sadaka
lunes, 16 de agosto de 2010
Añadir un punto de luz
Cuando realizamos una rutina de yoga en nuestra casa, es fácil perder la concentración. Tan pronto como comenzamos a realizar una serie que ya conocemos de memoria, nuestra mente comienza a vagar, libre.
Empezamos a pensar sobre lo que tenemos que hacer nada más llegar al trabajo, lo que vamos a preparar de cenar, la discusión que tuvimos esa tarde con nuestro hijo/a, etc. De esta forma, puede que sí, estamos practicando yoga, pero no estamos presentes, por lo que buena parte de sus efectos beneficiosos se pierden.
Cuando estamos en clase, la voz de nuestro profesor nos guía, nos corrige con sus movimientos y siempre tenemos un referente al que prestar atención. En casa, como decíamos, esto en buena parte desaparece, pero hay elementos que pueden ayudarnos. En mi caso, en ocasiones utilizo una vela, concentrándome en su luz, intentando no pensar en nada más.
Visualizo la asana, la ejecuto y durante el tiempo que permanezco en casa postura miro la vela, de cinco a diez respiraciones cada vez. Resulta evidente que no siempre podemos mantener la atención en la vela, ya que algunas asanas nos impiden cualquier tipo de contacto visual; pero de alguna manera sabemos que está ahí, y de alguna forma, nos sigue guiando.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 21 de octubre de 2009.
Por sadaka
Empezamos a pensar sobre lo que tenemos que hacer nada más llegar al trabajo, lo que vamos a preparar de cenar, la discusión que tuvimos esa tarde con nuestro hijo/a, etc. De esta forma, puede que sí, estamos practicando yoga, pero no estamos presentes, por lo que buena parte de sus efectos beneficiosos se pierden.
Cuando estamos en clase, la voz de nuestro profesor nos guía, nos corrige con sus movimientos y siempre tenemos un referente al que prestar atención. En casa, como decíamos, esto en buena parte desaparece, pero hay elementos que pueden ayudarnos. En mi caso, en ocasiones utilizo una vela, concentrándome en su luz, intentando no pensar en nada más.
Visualizo la asana, la ejecuto y durante el tiempo que permanezco en casa postura miro la vela, de cinco a diez respiraciones cada vez. Resulta evidente que no siempre podemos mantener la atención en la vela, ya que algunas asanas nos impiden cualquier tipo de contacto visual; pero de alguna manera sabemos que está ahí, y de alguna forma, nos sigue guiando.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 21 de octubre de 2009.
Por sadaka
lunes, 9 de agosto de 2010
Algunas ideas yóguicas
Repasando un viejo número de Yoga Journal me encuentro con este artículo elaborado por Juan Ortiz (Director de la Escuela de Yoga Dhyana) en el que incluye alguno de lo que él considera ideas fundamentales para entender la práctica del yoga. La verdad que concuerdo con la inmensa mayoría de sus postulados, mientras que otros quizás habría que cogerlos con pinzas.
No obstante transcribo lo que apunta en su artículo, esperando que seáis vosotros los que opinéis en los comentarios.
1. El yoga no es mero intelecto, sino conocimiento intuitivo.
2. Es apertura de la vida en su totalidad y respeto y servicio a la vida. Ser Uno con todo porque en realidad no existe separación alguna.
3. También es apertura a la experiencia para nutrir el alma y desarrollar la conciencia.
4. La meta del yoga es el control de los procesos mentales para estabilizar la mente y alcanzar la liberación de la mente fluctuante.
5. Busca la experiencia de lo interior para el conocimiento profundo de sí mismo.
6. Ayuda a la superación de la ignorancia y el encuentro con la verdadera sabiduría.
7. El yoga es jovialidad, risa y celebración de la vida. Sin esta actitud positiva y constructiva todo se vuelve rígido y grave y no se puede avanzar.
8. El yoga no tiene nada que ver con la ascética de faquires y sí con un equilibrio en la vida. No a la mortificación humana, a la neuorosis del odio contra la materia, contra el mundo natural, contra el cuerpo. No hay que dejarse llevar por la fatiga nerviosa, ni por la esclavitud moderna de la tecnocracia.
9. Tenemos que llegar a ser nosotros mismos, sacando de dentro lo mejor que tenemos.
10. “Llevar la alegría a un sólo corazón es mejor que construir muchos templos para creerse salvado” decía el maestro sufí Ben Arabi.
11. La filosofía del yoga hace honor a aquello que es cosustancial a una verdadera filosofía, y es el amor a la verdad y la sabiduría, más allá de dogmas y razonamientos pueriles y artificiales.
12. El ser humano tiene, por una parte, la condición humana que experimenta los pares opuestos, y a veces sufre por ello. Pero también tiene la posibilidad de conectar y alcanzar la experiencia profunda del Ser, más allá de los condicionamientos externos y en pos de la verdadera plenitud y paz.
13. Yoga trata del más profundo de los misterios: la naturaleza esencial del ser humano en relación con el universo.
Fuente: Cuaderno del Yoga, 8 de diciembre de 2009
Por sadhaka
No obstante transcribo lo que apunta en su artículo, esperando que seáis vosotros los que opinéis en los comentarios.
1. El yoga no es mero intelecto, sino conocimiento intuitivo.
2. Es apertura de la vida en su totalidad y respeto y servicio a la vida. Ser Uno con todo porque en realidad no existe separación alguna.
3. También es apertura a la experiencia para nutrir el alma y desarrollar la conciencia.
4. La meta del yoga es el control de los procesos mentales para estabilizar la mente y alcanzar la liberación de la mente fluctuante.
5. Busca la experiencia de lo interior para el conocimiento profundo de sí mismo.
6. Ayuda a la superación de la ignorancia y el encuentro con la verdadera sabiduría.
7. El yoga es jovialidad, risa y celebración de la vida. Sin esta actitud positiva y constructiva todo se vuelve rígido y grave y no se puede avanzar.
8. El yoga no tiene nada que ver con la ascética de faquires y sí con un equilibrio en la vida. No a la mortificación humana, a la neuorosis del odio contra la materia, contra el mundo natural, contra el cuerpo. No hay que dejarse llevar por la fatiga nerviosa, ni por la esclavitud moderna de la tecnocracia.
9. Tenemos que llegar a ser nosotros mismos, sacando de dentro lo mejor que tenemos.
10. “Llevar la alegría a un sólo corazón es mejor que construir muchos templos para creerse salvado” decía el maestro sufí Ben Arabi.
11. La filosofía del yoga hace honor a aquello que es cosustancial a una verdadera filosofía, y es el amor a la verdad y la sabiduría, más allá de dogmas y razonamientos pueriles y artificiales.
12. El ser humano tiene, por una parte, la condición humana que experimenta los pares opuestos, y a veces sufre por ello. Pero también tiene la posibilidad de conectar y alcanzar la experiencia profunda del Ser, más allá de los condicionamientos externos y en pos de la verdadera plenitud y paz.
13. Yoga trata del más profundo de los misterios: la naturaleza esencial del ser humano en relación con el universo.
Fuente: Cuaderno del Yoga, 8 de diciembre de 2009
Por sadhaka
lunes, 2 de agosto de 2010
El yoga (cada vez más) triunfa en las empresas
Como comentaba el otro día, en estos seis meses de ausencia, me ha dado tiempo a hacer muchas cosas, incluso escribir un reportaje sobre yoga en las empresas que aquí reproduzco.
El yoga reduce los niveles de estrés, calma el cuerpo y la mente y tonifica nuestro cuerpo. Quizás sean estos algunos de los motivos por los que cada vez más, tanto multinacionales como pymes se interesen por esta disciplina como forma para motivar y “relajar” a sus empleados.
Y es que durante los últimos años han proliferado en las principales ciudades españolas no solo centros de Yoga sino centros cuya principal función es ofrecer sus servicios “milenarios” a empresas de todos los tamaños.
YogaWork es uno de esos centros. El centro, que recientemente ha abierto sus puertas en Madrid, responde según sus responsables a la necesidad de las empresas, en las que “el absentismo laboral, la desmotivación y la falta de implicación están a la orden del día”.
De esta forma, comentan que “mejorando la calidad física, mental, intelectual y emocional del individuo, mejorará la calidad de la empresa a la que pertenece”.
El Yoga mejora las organizaciones
Hemos mantenido una interesante charla con Jorge Caballero, uno de los impulsores de esta iniciativa, que nos ha trasladado su visión sobre cómo el yoga puede mejorar la vida no solo de las personas, sino también de las organizaciones.
Lo primero que le hemos preguntado es cómo han conseguido introducir sus servicios en un ambiente corporativo, en el que por norma general, tienden a mirarse con cierta distancia iniciativas que pueden sonar “estrafalarias”.
En este sentido, Caballero tiene claro que el Yoga en la empresa no solo es un ideal sino que es una realidad cada vez más consolidada en España y se apoya en una breve reflexión para demostrarlo:
“Las empresas cada vez están mas interesadas en tener motivados y contentos a sus empleados, por lo que al explicarles como se desarrollan nuestras clases y como es el tipo de Yoga que hacemos, entienden de inmediato los beneficios a corto, medio y largo plazo, por los que les parece lógico brindar a sus empleados algo tan básico como es el mantenimiento de su salud y bienestar” asegura.
Frente a los que piensan que este tipo de acciones formativas son sólo posibles o incluso habituales en grandes empresas, Caballero es bastante tajante y aclara que normalmente los centros tienen capacidad de trabajar tanto en grandes empresas, como en pymes ya que adaptan sus programas “a cada empresa y a cada colectivo en particular” de modo que aunque en principio se ofrecen clases generales, se tiene muy en cuenta cuáles son los “problemas específicos” que puedan resultar de un trabajo concreto que se realice en la empresa.
Y aunque reconoce que en tiempos de crisis “las pequeñas empresas pueden mostrarse más reacias a invertir en este tipo de formación como la que nosotros promovemos” constatan entusiasmados como curiosamente, “aunque estemos en crisis, se están registrando más inscripciones en centros de Yoga, y es porque la gente realmente lo necesita y, no nos equivoquemos, la gente sabe muy bien en que gasta su dinero”.
Actuar contra el estrés
Uno de los principales motivos por los que cada vez más empresarios, ejecutivos y directivos se animan a recibir clases de Yoga es por su capacidad para luchar de forma muy efectiva contra el estrés, una de las enfermedades más peligrosas que sufre el trabajador moderno.
De hecho existen estudios que revelan que el estrés en el trabajo afecta en la Unión Europea a 41 millones de personas y esto provoca unas pérdidas de 20.000 millones de euros al año, siendo la tasa de absentismo laboral tres veces mayor en España que en el conjunto europeo.
Para el responsable de YogaWork “de todos es sabido el alto nivel de estrés, dolores de espalda, depresiones, etcétera que padece la gente, sobre todo en las grandes ciudades”.
Si esto lo unimos a la inactividad y las muchas horas sentados en una misma postura, casi siempre no muy buena, nos encontramos con personas que “pueden gestionar grandes empresas pero no pueden gestionar su propio cuerpo por los muchos acortamientos musculares y articulares que padecen”.
Tal y como explica Caballero en este punto, a través de las posturas (asanas) se consigue “no solo trabajar el cuerpo, sino que el contenido mental cambia y se actúa sobre el sistema nervioso” por lo que el alumno se ve liberado de lo que le sostiene día a día a las situaciones de estrés y comienza a saber como controlarlo por medio de la respiración y los estiramientos propios de esta disciplina.
Normalmente, tras una primera toma de contacto en la que el alumno no sabe muy bien a que atenerse, la respuesta suele ser muy positiva, y es que los que lo prueban por primera vez, suelen repetir, sobre todo porque como dice Caballero, la disciplina que imparten en su centro, Yoga IYENGAR®, “queda lejos de la quietud, o de la práctica aburrida que tiene mucha gente en la cabeza cuando viene a las clases”.
Sin embargo hay que tener cuidado, porque como en muchos otros sectores, tampoco el Yoga se libra del intrusismo laboral. El auge que ha experimentado esta disciplina en los últimos años, ha provocado que “cada vez hay mas escuelas haciendo cursos de profesorado con muy bajo nivel de enseñanza, y mas interesados en el factor económico que en formar buenos profesores” por lo que antes de solicitar este tipo de servicios no estaría de más, que la empresa se interesase sobre la calidad del centro.
En el caso de YogaWork, declaran que han sido certificados por la AEYI (Asociación española de Yoga IYENGAR®)uno de los emblemas que garantizan la calidad de las clases recibidas.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 16 de septiembre de 2009
El yoga reduce los niveles de estrés, calma el cuerpo y la mente y tonifica nuestro cuerpo. Quizás sean estos algunos de los motivos por los que cada vez más, tanto multinacionales como pymes se interesen por esta disciplina como forma para motivar y “relajar” a sus empleados.
Y es que durante los últimos años han proliferado en las principales ciudades españolas no solo centros de Yoga sino centros cuya principal función es ofrecer sus servicios “milenarios” a empresas de todos los tamaños.
YogaWork es uno de esos centros. El centro, que recientemente ha abierto sus puertas en Madrid, responde según sus responsables a la necesidad de las empresas, en las que “el absentismo laboral, la desmotivación y la falta de implicación están a la orden del día”.
De esta forma, comentan que “mejorando la calidad física, mental, intelectual y emocional del individuo, mejorará la calidad de la empresa a la que pertenece”.
El Yoga mejora las organizaciones
Hemos mantenido una interesante charla con Jorge Caballero, uno de los impulsores de esta iniciativa, que nos ha trasladado su visión sobre cómo el yoga puede mejorar la vida no solo de las personas, sino también de las organizaciones.
Lo primero que le hemos preguntado es cómo han conseguido introducir sus servicios en un ambiente corporativo, en el que por norma general, tienden a mirarse con cierta distancia iniciativas que pueden sonar “estrafalarias”.
En este sentido, Caballero tiene claro que el Yoga en la empresa no solo es un ideal sino que es una realidad cada vez más consolidada en España y se apoya en una breve reflexión para demostrarlo:
“Las empresas cada vez están mas interesadas en tener motivados y contentos a sus empleados, por lo que al explicarles como se desarrollan nuestras clases y como es el tipo de Yoga que hacemos, entienden de inmediato los beneficios a corto, medio y largo plazo, por los que les parece lógico brindar a sus empleados algo tan básico como es el mantenimiento de su salud y bienestar” asegura.
Frente a los que piensan que este tipo de acciones formativas son sólo posibles o incluso habituales en grandes empresas, Caballero es bastante tajante y aclara que normalmente los centros tienen capacidad de trabajar tanto en grandes empresas, como en pymes ya que adaptan sus programas “a cada empresa y a cada colectivo en particular” de modo que aunque en principio se ofrecen clases generales, se tiene muy en cuenta cuáles son los “problemas específicos” que puedan resultar de un trabajo concreto que se realice en la empresa.
Y aunque reconoce que en tiempos de crisis “las pequeñas empresas pueden mostrarse más reacias a invertir en este tipo de formación como la que nosotros promovemos” constatan entusiasmados como curiosamente, “aunque estemos en crisis, se están registrando más inscripciones en centros de Yoga, y es porque la gente realmente lo necesita y, no nos equivoquemos, la gente sabe muy bien en que gasta su dinero”.
Actuar contra el estrés
Uno de los principales motivos por los que cada vez más empresarios, ejecutivos y directivos se animan a recibir clases de Yoga es por su capacidad para luchar de forma muy efectiva contra el estrés, una de las enfermedades más peligrosas que sufre el trabajador moderno.
De hecho existen estudios que revelan que el estrés en el trabajo afecta en la Unión Europea a 41 millones de personas y esto provoca unas pérdidas de 20.000 millones de euros al año, siendo la tasa de absentismo laboral tres veces mayor en España que en el conjunto europeo.
Para el responsable de YogaWork “de todos es sabido el alto nivel de estrés, dolores de espalda, depresiones, etcétera que padece la gente, sobre todo en las grandes ciudades”.
Si esto lo unimos a la inactividad y las muchas horas sentados en una misma postura, casi siempre no muy buena, nos encontramos con personas que “pueden gestionar grandes empresas pero no pueden gestionar su propio cuerpo por los muchos acortamientos musculares y articulares que padecen”.
Tal y como explica Caballero en este punto, a través de las posturas (asanas) se consigue “no solo trabajar el cuerpo, sino que el contenido mental cambia y se actúa sobre el sistema nervioso” por lo que el alumno se ve liberado de lo que le sostiene día a día a las situaciones de estrés y comienza a saber como controlarlo por medio de la respiración y los estiramientos propios de esta disciplina.
Normalmente, tras una primera toma de contacto en la que el alumno no sabe muy bien a que atenerse, la respuesta suele ser muy positiva, y es que los que lo prueban por primera vez, suelen repetir, sobre todo porque como dice Caballero, la disciplina que imparten en su centro, Yoga IYENGAR®, “queda lejos de la quietud, o de la práctica aburrida que tiene mucha gente en la cabeza cuando viene a las clases”.
Sin embargo hay que tener cuidado, porque como en muchos otros sectores, tampoco el Yoga se libra del intrusismo laboral. El auge que ha experimentado esta disciplina en los últimos años, ha provocado que “cada vez hay mas escuelas haciendo cursos de profesorado con muy bajo nivel de enseñanza, y mas interesados en el factor económico que en formar buenos profesores” por lo que antes de solicitar este tipo de servicios no estaría de más, que la empresa se interesase sobre la calidad del centro.
En el caso de YogaWork, declaran que han sido certificados por la AEYI (Asociación española de Yoga IYENGAR®)uno de los emblemas que garantizan la calidad de las clases recibidas.
Fuente: Cuaderno de Yoga, 16 de septiembre de 2009
viernes, 2 de julio de 2010
¿Por qué son importantes los mantras?
Una cosa que llama mucho la atención a los que se inician en el yoga y la meditación son los mantras. Algunos ven en el mantra un mero accesorio, o incluso una forma de llamar la atención, como si se estuviese gritando al mundo “mira lo importante que soy, practico yoga, medito, y además lo hago saber a través de mi OM”.
Otros piensan en el mantra como en un elemento exótico, con el que distinguir a algunos “exaltados” por el New Age y las mal conocidas como “terapias alternativas”, y por lo tanto lo desprecian considerándolo como el producto de una práctica un tanto lunática.
Sin embargo los mantras, sobre todo cuando meditamos son un elemento muy importante, que aprendemos a hacer nuestro cada vez que lo entonamos. No se trata de repetir una y otra vez un sonido vacío y hueco, sino que cuando entonamos un mantra, conectamos con lo más profundo de nuestro ser, con nuestro yo más íntimo.
Patanjali comienza su lista de meditaciones con “la completa entrega al Señor Todopoderoso… que se expresa a través de la sílaba sagrada OM. Deberá repetirse y su esencia se percibirá”. De un modo menos religioso, el mantra OM hace referencia en muchas culturas al sonido primordial, al primero que se “escuchó” en el universo.
Al margen de lo anterior, repetir mantras cuando meditamos nos ayuda a acallar la mente, a serenarnos, a conectar con nosotros mismos. Todas las culturas tienen sus propios mantras, porque… ¿qué es la oración cristiana, o la plegaria musulmana sino una repetición de mantras?
Idealmente el mantra perfecto es aquél que no se entona, que sólo escuchamos en nuestro interior, que nos acompaña no sólo cuando meditamos, sino también cuando estamos en el metro, andamos por la calle, acudimos al gimnasio…es estar presentes siempre, aquí y ahora.
Fuente: Cuadernos del Yoga
Sadhaka
19 de enero de 2010
Otros piensan en el mantra como en un elemento exótico, con el que distinguir a algunos “exaltados” por el New Age y las mal conocidas como “terapias alternativas”, y por lo tanto lo desprecian considerándolo como el producto de una práctica un tanto lunática.
Sin embargo los mantras, sobre todo cuando meditamos son un elemento muy importante, que aprendemos a hacer nuestro cada vez que lo entonamos. No se trata de repetir una y otra vez un sonido vacío y hueco, sino que cuando entonamos un mantra, conectamos con lo más profundo de nuestro ser, con nuestro yo más íntimo.
Patanjali comienza su lista de meditaciones con “la completa entrega al Señor Todopoderoso… que se expresa a través de la sílaba sagrada OM. Deberá repetirse y su esencia se percibirá”. De un modo menos religioso, el mantra OM hace referencia en muchas culturas al sonido primordial, al primero que se “escuchó” en el universo.
Al margen de lo anterior, repetir mantras cuando meditamos nos ayuda a acallar la mente, a serenarnos, a conectar con nosotros mismos. Todas las culturas tienen sus propios mantras, porque… ¿qué es la oración cristiana, o la plegaria musulmana sino una repetición de mantras?
Idealmente el mantra perfecto es aquél que no se entona, que sólo escuchamos en nuestro interior, que nos acompaña no sólo cuando meditamos, sino también cuando estamos en el metro, andamos por la calle, acudimos al gimnasio…es estar presentes siempre, aquí y ahora.
Fuente: Cuadernos del Yoga
Sadhaka
19 de enero de 2010
sábado, 28 de marzo de 2009
Claves para una postura correcta en meditación
Adoptar una postura correcta. Esto es lo primero que debemos aprender antes de empezar nuestros ejercicios de meditación. Adoptar una buena postura no es un capricho, ni se hace para “torturar” al estudiante que suele pensar: “quemás da como me siente, total solo tengo que meditar”.
Sin embargo la postura es la base sobre la que construiremos nuestra meditación. Una buena postura facilita la respiración, que se expanda el pecho y que la columna esté alineada. Por eso, antes si quiera de realizar el más básico de los ejercicios, deberemos comprobar que nuestra postura es la correcta. ¿Cómo saber si estamos bien sentados? Suelen decir varios maestros, que si al sentarnos para meditar notamos que nos encontramos excesivamente cómodos, es que algo va mal. No es que tengamos que sentirnos mal, pero si es cierto que sobre todo al principio, la postura de meditación es algo incómoda.

En primer lugar, y salvo que tengamos problemas serios de espalda (en cuyo caso podemos usar una silla) nos sentaremos sobre un zafú, o incluso sobre una manta doblada, para ganar cierta altura. Ojo, no debemos sentarnos en el centro, dejando caer todo nuestro peso, sino más bien en el borde, favoreciendo la elevación de la columna.
Una vez sentados, cruzaremos las piernas de la forma en la que nos encontremos más cómodos. Cualquier cruce sencillo es válido. Si tenemos cierta destreza, incluso podemos realizar padmasana (o postura del loto) pero no es algo imprescindible, y a veces ni deseable por la tensión que puede generar en caderas y rodillas si no estamos muy acostumbrados.
Finalmente, lo más importante es alinear bien la columna, de tal forma que abramos el pecho. ¿Cómo hacerlo? Empujaremos las lumbares hacia delante, hasta que notemos una ligera molestia (esta molestia se produce porque no estamos acostumbrados a sentarnos correctamente). Este movimiento provoca que si elevamos también la columna, la caja torácica se expanda hacia los lados y ligeramente hacia fuera. Finalmente, echaremos los hombros ligeramente hacia atrás, para que queden un poco detrás de las orejas. El cuello se mantiene recto, pero relajado, de modo que no se cierre sobre las cervicales.
Si es la primera vez que realizáis esta postura, vais a pensar que es profundamente incómoda. No os preocupéis, ésta es la forma correcta de sentarse, y cuanto más practiquéis, más las vais a hacer vuestra, hasta que llegue el momento que entendáis que es la forma natural de sentarse, y que el paso de los años y de las malas posturas nos han hecho olvidar.
Si se os cansan las piernas, podéis estirarlas y cambiar el cruce cada cierto tiempo. Cambiar el cruce es importante ya que de esta forma repartimos el peso en ambos lados del cuerpo, con lo que el desgaste en las caderas es menor. Una vez que aprendéis a sentaros correctamente, habéis entrado en el camino de la meditación.
El artículo anterior se publicó en el blog “Cuaderno del Yoga”.
La postura es algo el lo que todos los maestros de meditación hacen un énfasis especial. La postura correcta es parte importante de la meditación, ya que si la postura que tomamos es demasiado incomoda, esto sólo servirá como distracción para nuestra mente ya que estará enfocada en los puntos incómodos de nuestro cuerpo, sintiendo como se “duermen” e incluso como “se acalambran” los músculos, sintiendo como se tensan. Por eso es que al principio peleamos tanto contra la postura.
Pero una vez que nos vamos acostumbrando a la postura de meditación, la incomodidad se torna más leve e incluso se puede convertir en objeto de la meditación, como la respiración, ya que esa incomodidad esta sucediendo en el aquí y ahora, y podemos observarla, sentirla y ver como al poco tiempo desaparece, para ser sustituida por otra distracción: otra sensación incómoda en otra parte del cuerpo, una comezón que aparentemente no desaparece hasta que nos rasquemos, o incluso un tren de pensamiento en el que nos hemos enganchado.
Todo esto forma parte de las distracciones que tenemos que aprender a superar para poder poner nuestra mente en calma y lograr los beneficios de la meditación.
Sin embargo la postura es la base sobre la que construiremos nuestra meditación. Una buena postura facilita la respiración, que se expanda el pecho y que la columna esté alineada. Por eso, antes si quiera de realizar el más básico de los ejercicios, deberemos comprobar que nuestra postura es la correcta. ¿Cómo saber si estamos bien sentados? Suelen decir varios maestros, que si al sentarnos para meditar notamos que nos encontramos excesivamente cómodos, es que algo va mal. No es que tengamos que sentirnos mal, pero si es cierto que sobre todo al principio, la postura de meditación es algo incómoda.

En primer lugar, y salvo que tengamos problemas serios de espalda (en cuyo caso podemos usar una silla) nos sentaremos sobre un zafú, o incluso sobre una manta doblada, para ganar cierta altura. Ojo, no debemos sentarnos en el centro, dejando caer todo nuestro peso, sino más bien en el borde, favoreciendo la elevación de la columna.
Una vez sentados, cruzaremos las piernas de la forma en la que nos encontremos más cómodos. Cualquier cruce sencillo es válido. Si tenemos cierta destreza, incluso podemos realizar padmasana (o postura del loto) pero no es algo imprescindible, y a veces ni deseable por la tensión que puede generar en caderas y rodillas si no estamos muy acostumbrados.
Finalmente, lo más importante es alinear bien la columna, de tal forma que abramos el pecho. ¿Cómo hacerlo? Empujaremos las lumbares hacia delante, hasta que notemos una ligera molestia (esta molestia se produce porque no estamos acostumbrados a sentarnos correctamente). Este movimiento provoca que si elevamos también la columna, la caja torácica se expanda hacia los lados y ligeramente hacia fuera. Finalmente, echaremos los hombros ligeramente hacia atrás, para que queden un poco detrás de las orejas. El cuello se mantiene recto, pero relajado, de modo que no se cierre sobre las cervicales.
Si es la primera vez que realizáis esta postura, vais a pensar que es profundamente incómoda. No os preocupéis, ésta es la forma correcta de sentarse, y cuanto más practiquéis, más las vais a hacer vuestra, hasta que llegue el momento que entendáis que es la forma natural de sentarse, y que el paso de los años y de las malas posturas nos han hecho olvidar.
Si se os cansan las piernas, podéis estirarlas y cambiar el cruce cada cierto tiempo. Cambiar el cruce es importante ya que de esta forma repartimos el peso en ambos lados del cuerpo, con lo que el desgaste en las caderas es menor. Una vez que aprendéis a sentaros correctamente, habéis entrado en el camino de la meditación.
El artículo anterior se publicó en el blog “Cuaderno del Yoga”.
La postura es algo el lo que todos los maestros de meditación hacen un énfasis especial. La postura correcta es parte importante de la meditación, ya que si la postura que tomamos es demasiado incomoda, esto sólo servirá como distracción para nuestra mente ya que estará enfocada en los puntos incómodos de nuestro cuerpo, sintiendo como se “duermen” e incluso como “se acalambran” los músculos, sintiendo como se tensan. Por eso es que al principio peleamos tanto contra la postura.
Pero una vez que nos vamos acostumbrando a la postura de meditación, la incomodidad se torna más leve e incluso se puede convertir en objeto de la meditación, como la respiración, ya que esa incomodidad esta sucediendo en el aquí y ahora, y podemos observarla, sentirla y ver como al poco tiempo desaparece, para ser sustituida por otra distracción: otra sensación incómoda en otra parte del cuerpo, una comezón que aparentemente no desaparece hasta que nos rasquemos, o incluso un tren de pensamiento en el que nos hemos enganchado.
Todo esto forma parte de las distracciones que tenemos que aprender a superar para poder poner nuestra mente en calma y lograr los beneficios de la meditación.
viernes, 27 de marzo de 2009
La lucha contra Padmansana
Padmasana, o postura del loto, es una de las asanas más populares y conocidas del yoga. De hecho, muchas personas piensan automáticamente en Padmasana cuando oyen hablar de yoga. A pesar de ser tan conocida y de estar tan instalada en el imaginario colectivo, dicha postura nunca se propone en una clase para principiantes y casi nunca se pide en una clase para estudiantes avanzados.
Quizás porque en cierto sentido, es una asana muy peculiar y ciertamente contradictoria. Contradictoria porque hay muchas personas que sin haber tomado nunca una clase de yoga, pueden realizarla con una facilidad asombrosa, mientras que otras después de años de práctica, acabarán aceptando que tal vez esa postura no es para ellos y acabarán abandonándola.

En teoría, realizar el asana es muy sencillo. Solo tenemos que situar el empeine derecho sobre el muslo izquierdo y viceversa. Y sin embargo es extremadamente exigente si no somos muy flexibles. Caderas, ingles, coxis, isquiones… todo un conjunto de músculos se ponen bajo una gran presión. No son pocos los que han acabado lesionándose por forzar en esta postura.
De hecho, hace tiempo que leí el caso de un alumno que se desgarró varios músculos al pedirle a un amigo que se subiese encima de sus piernas mientras intentaba practicar esta postura. Evidentemente, no todos los casos son tan extremos pero si siempre pido paciencia a la hora de practicar nuestras asanas, más paciencia pido con padmasana.
En mi caso, cuando empecé mi lucha “contra” padmasana apenas era capaz de realizar medio loto. Meses más tarde, cuando conseguí hacer mi primer loto completo, el dolor que sentí fue intenso, por lo que tuve que deshacer rápidamente la postura. Con el tiempo, aprendí a dominarla, a conocer sus tiempos, a saber bajo que circunstacias puedo permitírmela y cuando es mejor no intentarlo.
Incluso ahora, cuando mi loto es razonablemente bueno, nunca intento realizarlo sin antes haber realizado un buen calentamiento, tras un mínimo de 30 minutos de rutina para preparar los músculos. Y sin embargo, compruebo con media envidia que muchos de los que me leéis lo conseguís sin esfuerzo alguno jeje
El articulo anterior se publicó en el blog “Cuaderno del Yoga”.
Decidí publicar este artículo porque además de ser totalmente cierto, por lo menos para mí que nunca he podido hacer la postura completa y apenas estoy empezando a poder hacer el medio loto, me parece importante reconocer que hay ciertas posturas que nunca podremos hacer, que no están “hechas para nosotros” y es mejor reconocerlo que intentarlo hasta el grado de llegar a lastimarnos, posiblemente de manera grave.
Así es que hay que escuchar a nuestro cuerpo y no forzarlo a donde no puede llegar.
El árticulo anterior se publicó en el blog "Cuaderno del Yoga"
Quizás porque en cierto sentido, es una asana muy peculiar y ciertamente contradictoria. Contradictoria porque hay muchas personas que sin haber tomado nunca una clase de yoga, pueden realizarla con una facilidad asombrosa, mientras que otras después de años de práctica, acabarán aceptando que tal vez esa postura no es para ellos y acabarán abandonándola.

En teoría, realizar el asana es muy sencillo. Solo tenemos que situar el empeine derecho sobre el muslo izquierdo y viceversa. Y sin embargo es extremadamente exigente si no somos muy flexibles. Caderas, ingles, coxis, isquiones… todo un conjunto de músculos se ponen bajo una gran presión. No son pocos los que han acabado lesionándose por forzar en esta postura.
De hecho, hace tiempo que leí el caso de un alumno que se desgarró varios músculos al pedirle a un amigo que se subiese encima de sus piernas mientras intentaba practicar esta postura. Evidentemente, no todos los casos son tan extremos pero si siempre pido paciencia a la hora de practicar nuestras asanas, más paciencia pido con padmasana.
En mi caso, cuando empecé mi lucha “contra” padmasana apenas era capaz de realizar medio loto. Meses más tarde, cuando conseguí hacer mi primer loto completo, el dolor que sentí fue intenso, por lo que tuve que deshacer rápidamente la postura. Con el tiempo, aprendí a dominarla, a conocer sus tiempos, a saber bajo que circunstacias puedo permitírmela y cuando es mejor no intentarlo.
Incluso ahora, cuando mi loto es razonablemente bueno, nunca intento realizarlo sin antes haber realizado un buen calentamiento, tras un mínimo de 30 minutos de rutina para preparar los músculos. Y sin embargo, compruebo con media envidia que muchos de los que me leéis lo conseguís sin esfuerzo alguno jeje
El articulo anterior se publicó en el blog “Cuaderno del Yoga”.
Decidí publicar este artículo porque además de ser totalmente cierto, por lo menos para mí que nunca he podido hacer la postura completa y apenas estoy empezando a poder hacer el medio loto, me parece importante reconocer que hay ciertas posturas que nunca podremos hacer, que no están “hechas para nosotros” y es mejor reconocerlo que intentarlo hasta el grado de llegar a lastimarnos, posiblemente de manera grave.
Así es que hay que escuchar a nuestro cuerpo y no forzarlo a donde no puede llegar.
El árticulo anterior se publicó en el blog "Cuaderno del Yoga"
sábado, 15 de noviembre de 2008
Triángulos para mejorar el equilibrio
Este artículo, “Triángulos Mágicos” se publicó en el “Cuaderno de Yoga”.
“Muchos profesores de yoga afirman que antes de sumergirnos en la práctica de
asanas sentadas, debemos dominar las posturas de pie. En realidad, las posturas
de pie, son la gran base sobre la que descansan el resto de asanas. Esto se debe
a que contienen los tres elementos básicos que hemos de desarrollar en la
práctica yóguica, a saber: equilibrio, flexibilidad y fuerza.
Y de todas las asanas que se realizan de pie, mis preferidas son las que para mí
mismo, denomino triángulos mágicos. Triángulos, porque es ésa la posición que
toma el cuerpo cuando se realizan, y mágicos porque actúan sobre el cuerpo de
forma integral y porque cuanto más y mejor se practican, más facilidad
obtendremos en la práctica de otras asanas.
Dicho esto, las asanas “triangulares” a las que me refiero son las siguientes:
Utthita Trikonasana o postura del triángulo extendido

Parivrtta Trikonasana o postura del triángulo girado “

Siempre procuro incluir alguna de estas posturas en mis prácticas, ya que lo que más trabajo me cuesta dominar es el equilibrio y este tipo de posturas me han ayudado mucho a mejorar en este aspecto de mi práctica.
El artículo completo lo pueden consultar en “Cuaderno de Yoga”, encontrarán el vínculo en Blogs que visito.
“Muchos profesores de yoga afirman que antes de sumergirnos en la práctica de
asanas sentadas, debemos dominar las posturas de pie. En realidad, las posturas
de pie, son la gran base sobre la que descansan el resto de asanas. Esto se debe
a que contienen los tres elementos básicos que hemos de desarrollar en la
práctica yóguica, a saber: equilibrio, flexibilidad y fuerza.
Y de todas las asanas que se realizan de pie, mis preferidas son las que para mí
mismo, denomino triángulos mágicos. Triángulos, porque es ésa la posición que
toma el cuerpo cuando se realizan, y mágicos porque actúan sobre el cuerpo de
forma integral y porque cuanto más y mejor se practican, más facilidad
obtendremos en la práctica de otras asanas.
Dicho esto, las asanas “triangulares” a las que me refiero son las siguientes:
Utthita Trikonasana o postura del triángulo extendido

Parivrtta Trikonasana o postura del triángulo girado “

Siempre procuro incluir alguna de estas posturas en mis prácticas, ya que lo que más trabajo me cuesta dominar es el equilibrio y este tipo de posturas me han ayudado mucho a mejorar en este aspecto de mi práctica.
El artículo completo lo pueden consultar en “Cuaderno de Yoga”, encontrarán el vínculo en Blogs que visito.
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