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miércoles, 2 de febrero de 2011

El Legado de Krishnamacharya 5

Por Fernando Pagés Ruiz

Mantener viva la flama

Aunque nació en una familia de yoghis, Desikachar no sintió ningún deseo de seguir esa vocación. De niño, huía cuando su padre le pedía que hiciera asanas. Krishnamacharya lo atrapó una vez, ató sus manos y pies en Baddha Padmasana (Postura del loto atado) y lo dejo atado durante media hora. La pedagogía como esta no motivaba a Desikachar a estudiar Yoga, pero eventualmente la inspiración llegó por otro camino.

Despues de recibirse de ingeniero en la universidad, Desikachar regresó con su familia para una visita corta. Estaba en ruta a Delhi, en donde le habían ofrecido un buen trabajo con una compañía europea. Una mañana, mientras Desikachar estaba sentado en los escalones leyendo un periódico, vio un gran automóvil americano acercarse por la calle angosta frente a la casa de su pader. Justo entonces, Krishnamacharya salió de la casa, vestía únicamente un dhoti y las marcas sagradas que señalaban su devoción de toda la vida al dios Vishnu. El automóvil se detuvo y una mujer de edad media de apariencia europea salto del asiento trasero gritando “¡Profesor, Profesor!. Corrió hacia Krishnamacharya y lo abrazó.

Desikachar se debe haber puesto pálido cuando su padre le regresó el abrazo a la mujer. En aquellos tiempos, las mujeres occidentales y los Brahmins simplemente no se abrazaban – especialmente a la mitad de la calle, y especialmente no un Brahmin tan tradicional como Krishnamacharya. Cuando la mujer se fue. “¿Por qué?” fue todo lo que Desikachar pudo tartamudear. Krishnamacharya le explicó que la mujer había estudiando Yoga con el. Gracias a la ayuda de Krishnamacharya, se había podido quedar dormida la noche anterior sin usar drogas por primera vez en 20 años. Tal vez la reacción de Desikachar a esta revelación fue la providencia, o el karma, ciertamente, esta evidencia del poder del Yoga le dio una curiosa epifanía que cambió su vida para siempre. En un instante, decidió aprender lo que su padre sabía.



Krishnamacharya no recibió bien el recién adquirido interés de su hijo por la Yoga. Le dijo a Desikachar que siguiera su carrera de ingeniero y dejara la Yoga en paz. Desikachar se negó a escuchar. Rechazó el empleo en Delhi, aceptó un trabajo en una compañía local y acosó a su padre para que le diera lecciones. Eventualmente Krishnamacharya cedió. Pero para asegurarse del interés de su hijo – o tal vez para desanimarlo – Krishnamacharya le exigió a Desikachar empezar con las lecciones a las 3:30 de la mañana todos los días. Desikachar aceptó someterse a los requerimientos de su padre pero insistió en una condición suya. Nada de Dios. Un ingeniero iflexible, Desikachar pensó que no tenía ninguna necesidad de una religión. Krishnamacharya respetó su deseo y empezaron sus lecciones con asanas y cantos del Yoga Sutra de Patanjali. Ya que vivían en un departamento de una sola habitación, toda la familia se veía forzada a unirse a ellos, aunque medio dormidos. Las lecciones continuaron durante 28 años, aunque no siempre tan temprano.

Durante los años en los que le enseñó a su hijo, Krishnamacharya continuó refinando el enfoque Viniyoga, adpatanod los métodos Yoga para los enfermos, mujeres embarazadas, niños – y desde luego, aquellos que buscaban iluminación espiritual. Llego a dividir la práctica de Yoga en tres etapas representando la juventud, la edad madura y la vejez. Primero, desarrollar fuerza muscular y flexibilidad; segundo, mantener la salud durante los años de trabajo y de criar a una familia; finalmente, ir más allá de la práctica física para enfocarse en Dios.

Desikachar obervó que, conforme progresaban los estudiantes, Krishnamacharya empezaba a darle énfasis no solo a las asanas más avanzadas, sino también a los aspectos espirituales de la Yoga. Desikachar se dio cuenta de que su padre sentía que cada acción debía ser un acto de devoción, que cada asana debía llevar a una calma interna. Similarmente, el énfasis de Krishnamacharya en la respiración quería transmitir implicaciones espirituales junto con los beneficios psicológicos.

De acuerdo a Desikachar, Krishnamacharya describía el ciclo de la respiración como un acto de entrega: “Inhala, y Dios se te acerca. Sostén la inhalación, y Dios permanece contigo. Exhala, y te aproximas a Dios. Sostén la exhalación, y entrégate a Dios”.

Durante los últimos años de su vida, Krishnamacharya introdujo los cantos Védicos en la práctica de Yoga, siempre ajustando la cantidad de versos para igualar el tiempo que el estudiante debía mantener la postura. Esta técnica les ayuda d los estudiantes a mantenerse enfocados y también les proporciona un paso hacia la meditación.

Al pasar a los aspectos espirituales del Yoga, Krishnamacharya respetaba el origen cultural de cada uno de sus estudiantes. Una de sus antiguas estudiantes, Patricia Miller, que ahora enseña en Washington D.C., lo recuerda dirigiendo una meditación ofreciendo alternativas. Instruía a sus estudiantes para que cerraran los ojos y observaran el espacio entre las cejas y luego decía, “Piensen en Dios, si no en Dios, en el sol, si no en el sol, entonces en sus padres”. Krishnamacharya sólo ponía una condición, explica Miller: “Que reconociéramos un poder más grande que nosotros”.

Preservando el legado.

Hoy Desikachar extiende el legado de su padre supervisando la Krishnamacharya Yoga Mandiram en Chenai, India, dónde se enseñan todos los enfoques contrastantes del Yoga de Krishnamacharya y donde se traducen y publican sus escritos. Con el tiempo. Desikachar abrazó todas las enseñanzas de su padre, incluyendo su veneración a Dios. Pero Desikachar también entiendo el escepticismo occidental y enfatiza la necesidad de quitarle al Yoga sus simbolismos hindúes para que siga siendo un vehiculo para toda la gente.

La visión del mundo de Krishnamacharya estaba arraigada en la filosofía Védica, el occidente moderno está arraigado en la ciencia. Educado en ambas, Desikachar ve su papel como el de un traductor, transmitiendo la antigua sabiduría de su padre a los oídos modernos. El principal enfoque tanto de Desikachar como de su hijo, Kausthub, es compartir la antigua sabiduría Yoga con la siguiente generación. “Les debemos a los niños un mejor futuro”, dice. Su organización da clases de Yoga a los niños, incluyendo a los minusválidos. Además de publicar historias apropiadas a su edad y guías espirituales, Kausthub está desarrollando videos para demostrar técnicas para enseñarles a los niños usando métodos inspirados por el trabajo de su abuelo en Misor.

Aunque Desikachar se pasó casi tres décadas como alumno de Krishnamacharya, dice haber vislumbrado apenas lo básico de las enseñanzas de su padre. Tanto los intereses como la personalidad de Krishnamacharya parecían un kaleidoscopio; la Yoga era sólo una pequeña parte de lo que sabía. Krishnamacharya también estudió disciplinas como filología, astrología y música también. En su propio laboratorio Ayurvédico, preparaba recetas herbales.

En la India, todavía es conocido más como un sanador que como un yogui. También era un chef gourmet, un horticulturista y un astuto jugador de cartas. Pero el aprendizaje enciclopédico que a veces lo hacía parecer distante e incluso arrogante en su juventud – “Intoxicado intelectualmente”, como lo caracteriza amablemente Iyengar – eventualmente dio paso a un anhelo de comunicación. Krishnamacharya se dio cuenta de que mucho del aprendizaje tradicional hindú que atesoraba estaba desapareciendo, así que abrió su vasta reserva de conocimientos a cualquiera con un sano interés y suficiente disciplina. Sentía que la Yoga se tenía que adaptar al mundo moderno o perecería.

Una máxima hindú sostiene que cada tres siglos nace alguien para energizar una tradición. Tal vez Krishnamacharya era un avatar así. Mientras que tenía un enorme respeto por el pasado, tampoco dudaba en experimentar e innovar. Al desarrollar y refinar diferentes enfoques, hizo que la Yoga se hiciera accesible para millones. Eso, finalmente, es su más grande legado.

Tan diversas como se han hecho las prácticas de los diferentes linajes de Krishnamacharya, la pasión y la fe en la Yoga siguen siendo su herencia común. El mensaje tácito de sus enseñanzas es que la yoga no es una tradición estática, es un arte viviente que respira y crece constantemente a través de los experimentos y la experiencia que profundiza de cada practicante.

Fernandeo Pagés Ruiz, un columnista, periodista investigador y editor contribuyente de Yoga Journal, vive en Lincoln, Nebraska.

sábado, 29 de enero de 2011

El Legado de Krishnamacharya 4

Por Fernando Pagés Ruiz

Instruyendo a Iyengar.

Durante el periodo en el que estaba instruyendo a Devi y a Jois, Krishnamacharya también le enseñó brevemente a un niño llamado B.K.S Iyengr, que crecería para tal vez desempeñar el papel más significativo de todos para llevar el Hatha Yoga al occidente. Es difícil imaginar como sería nuestro Yoga actual sin las contribuciones de Iyengar, especialmente su articulación sistemática y detallada precisamente de cada asana, su investigación en sus aplicaciones terapéuticas y su riguroso sistema de entrenamiento de varios niveles que ha producido tantos maestros destacados.



También es difícil saber exactamente que tanto le afecto el entrenamiento con Krishnamacaharya al desarrollo posterior de Iyengar. Aunque intensa, la permanencia de Iyengar con su maestro apenas duró un año. Junto con la devoción ardiente hacia la Yoga que le evocó a Yyengar, tal vez Krishnamacaharya plantó las semillas que más adelante madurarían en la Yoga madura de Iyengar. (Algunas de las características por las que es notable la Yoga de Iyengar – particularmente, las modificaciones a las posturas y el uso de la toga para sanar – son bastante similares a las que Krishnamacaharya desarrolló en su trabajo posterior). Tal vez cualquier investigación profunda en el Hatha Yoga tiende a producir resultados paralelos. De cualquier manera, Iynegar siempre ha venerado a su gurú de la infancia, todavía dice “Soy un pequeño modelo en Yoga, mi guruji era un gran hombre”.

El destino de Iyengar no fue aparente al principio. Cuando Krishnamacharya invitó a Iyengar a su hogar – la esposa de Krishnamacharya era hermana de Iyengar – predijo que el adolescente tieso y enfermizo no tendría éxito en Yoga. De hecho, el relato de Iyengar de su vida con Krishnamacharya suena como una novela de Dickens. Krishnamacharya podía ser un maestro extremadamente duro. Al principio casi no se molestaba en enseñarle a Iyengar, que se pasaba los días regando su jardín y haciendo otras tareas. La única amistad de Iyengar era con su compañero Keshavamurthy, que era el protegido favorito de Krishnamacharya. En un giro extraño del destino, Keshavamurthy desapareció una mañana y nunca regresó. Krishnamacharya estaba a sólo uno días de una demostración importante en la yogashala y dependía de su alumno estrella para ejecutar las asanas. Frente a esta crisis, Krishnamacharya rápidamente el empezó a enseñar a Iyengar una serie de posturas difíciles

Iyengar practicó diligentemente y, en el día de la demostración, sorprendió a Krishnamacharya ejecutando las asanas excepcionalmente. Después de esto Krishnamacharya empezo a instruir a su persistente alumno con ahínco. Iyengar progresó rápidamente. Empezó a asistir a clases en la yogashala y a acompañar a Krishnamacharya en las giras de demostración de Yoga. Pero Krishnamacharya continuó con su estilo autoritario de Instrucción. Una vez, cuando Krishnamacharya le pidió que demostrara Hanumanasana (una apertura completa) Iyengar dijo que nunca había aprendido esa postura. “¡Hazlo!” ordenó Krishnamacharya. Iyengar obedeció y se desgarró el tendón.

El corto aprendizaje de Iyengar terminó abruptamente. Después de una demostración de Yoga en la Provincia de Karnatak en el norte, un grupo de mujeres le pidió a Krishnamacharya que les diera instrucción. Krishnamacharya escogió a Iyengar, su estudiante más joven, para que enseñara a las mujeres en una clase separada, ya que los hombres y las mujeres no estudiaban juntos en esos días. La enseñanza de Iyengar las impresionó. A su solicitud, Krishnamacharya asignó a Iyengar para que se quedara para ser su instructor.

La enseñanza representó una promoción para Iyengar, pero hizo poco para mejorar su situación. La enseñanza de Yoga todavía era una profesión marginal. A veces, recuerda Iyengar, sólo comía un plato de arroz en tres días, sosteniéndose principalmente de agua. Pero se dedico al Yoga con determinación. De hecho, dice Iyengar, estaba tan obsesionado que algunos vecinos y familiares consideraban que estaba loco. Practicaba durante horas, usando pesadas piedras de adoquín para forzar sus piernas en Baddha Konasana (postura del ángulo atado) y doblándose hacia atrás sobre una aplanadora estacionada en la calle para mejorar su Urdhva Dhanurasana (Perro boca arriba). Preocupado por su salud, el hermano de Iyengar arregló su matrimonio con una muchacha de 16 años llamada Ramamani. Afortunadamente para Iyengar, Ramamani respetó su trabajo y se convirtió en una pareja importante en su investigación de las asanas.

A cientos de millas de distancia de su guru, la única manera que tenía Iyengar para aprender acerca de las asanas era explorar las posturas con su propio cuerpo y analizar sus efectos. Con la ayuda de Ramamani, Iyengar refinó y perfeccionó las asanas que aprendió de Krishnamacharya.

Como Krishnamacharya, conforme Iyengar fue teniendo alumnos, modificó y adaptó las posturas para satisfacer las necesidades de sus estudiantes. Y, como Krishnamacharya, Iyengar nunca dudó en innovar. Abandonó casi totalmente el estilo vinyasa de la práctica de su mentor. En cambio, investigó constantemente la naturaleza de la alineación interna considerando el efecto sobre todas las partes del cuerpo, incluyendo la piel, en el desarrollo de cada postura. Ya que mucha gente con menor condición física que los jóvenes estudiantes de Krishnamacharya acudían con Iyengar en busca de instrucción, aprendió a usar artefactos para ayudarlos. Y ya que algunos de sus estudiantes estaban enfermos, Iyengar empezó a desarrollar las asanas como una práctica de sanación, creando programas terapéuticos específicos. Además Iyengor llegó a considerar el cuerpo como un templo y las asanas como la oración. El énfasis de Iyengar en las asanas no siempre le agradó a su antiguo maestro. Aunque Krishnamacharya alababa la habilidad de Iyengar en la práctica de las asanas, en la celebración del cumpleaños 60 de Iyengar, también sugirió que era el momento de que Iyengar abandonara las asanas y se concentrara en la meditación

Durante las décadas de 1930, 1940 y 1950, la reputación de Iyengar como un maestro y un sanador creció. Tuvo estudiantes conocidos y respetados como el filósofo Jiddhu Krishnamurti y el violinista Yehudi Menuhin, que ayudo a atraer estudiantes occidentales a sus enseñanzas. Para la década de 1960 laYoga empezaba a formar parte de la cultura mundial e Iyengar era reconocido como uno de sus principales embajadores.

Sobreviviendo los años flacos.

Incluso conforme sus estudiantes prosperaron y difundieron su evangelio del Yoga, Krishnamacharya se encontró con tiempos difíciles. Para 1947, las inscripciones al yogashala habían disminuido. De acuerdo con Jois, sólo quedaban tres estudiantes. Se terminó el patrocinio gubernamental; la India obtuvo su independencia y los políticos que reemplazaran a la familia real de Misor tenían poco interés en la Yoga. Krishnamacharya luchó para mantener su escuela, pero en 1950 se cerró. Siendo un maestro de Yoga de 60 años Krishnamacharya se encontró en la difícil posición de tener que volver a empezar.



A diferencia de sus protegidos, Krishnamacharya no disfrutaba los beneficios de la creciente popularidad del Yoga. Continuó estudiando, enseñando y desarrollando su Yoga casi en la oscuridad. Iyengar especula que este periodo solitario cambió su disposición. Como lo ve Iyengar, Krishnamachayra podía mantenerse distante bajo la protección del Maharaja, pero al estar solo y tener que buscar estudiantes privados, Krishnamacharya tuvo más motivaciones para adaptarse a la sociedad y desarrollar una mayor compasión.

En 1920, Krishnamacharya luchaba para encontrar trabajo, eventualmente tuvo que dejar Misor y aceptar un puesto de maestro en la Universidad Vivekanda en Chennai. Lentamente aparecieron nuevos estudiantes, incluyendo gente de todos los niveles y en diferentes estados de salud y Krishnamacharya descubrió nuevas formas para enseñarles. Conforme llegaron estudiantes con menores aptitudes físicas, incluyendo algunos con discapacidades, Krishnamacharya se enfocó en modificar las posturas para la capacidad de cada estudiante.

Por ejemplo, instruía a un estudiante a hacer Paschimottanasana con las rodillas derechas para estirar los tendones, mientras que un estudiante más tieso podía aprender la misma postura con las rodillas dobladas. Similarmente, variaba la respiración para satisfacer las necesidades del estudiante, reforzando el abdomen algunas veces enfatizando en la exhalación y otras veces apoyando la espalda enfatizando la inhalación. Krishnamacharya variaba la duración, la frecuencia y la secuencia de las asanas para ayudarles a los estudiantes a alcanzar metas de corto plazo específicas, como recuperarse de una enfermedad. Conforme avanzaba la práctica de un estudiante, le ayudaba a refinar las asanas hacía la forma ideal. A su manera individual, Krishnamacharya les ayudó a sus estudiantes a pasar de un Yoga adaptado a sus limitaciones a un Yoga que aumentaba sus habilidades. Este enfoque, que ahora se nombra usualmente como Viniyoga, se convirtió en el hito de la enseñanza de Krishnamacharya durante sus décadas finales.

Krishnamacharya parecía estar dispuesto a aplicar esas técnicas a casi cualquier reto de salud. Una vez, un doctor le pidió que ayudara a una victima de una embolia. Krishnamacharya manipuló las extremidades sin vida del paciente en varias posturas, una especie de terapia física yogui. Como sucedía con muchos de los estudiantes de Krishnamacharya, la salud del hombre mejoró – y también mejoró la fama de Krishnamacharya como sanador.

Fue esta reputación de sanador que atraería al último discípulo importante de Krishnamacharya. Pero en ese momento, nadie – y menos que nadie Krishnamacharya – se hubiera imaginado que su hijo, T.K.V. Desikachar, se convertiría en un yogui renombrado que transmitiría todo el alcance de la carrera de Krishnamacharya, especialmente sus últimas enseñanzas, al mundo occidental de Yoga.

Continuará

martes, 25 de enero de 2011

El Legado de Krishnamacharya 3

Por Fernando Pagés Ruiz

Desarrollo de Ashtanga Vinyasa



La suerte de Krishnamacharya mejoró en 1931 cuando recibió una invitación para enseñar en el Colegio Sánscrito en Misore. Ahí recibía un buen salario y la oportunidad de dedicarse a enseñar Yoga de tiempo completo. La familia reinante de Misor había promovido durante mucho tiempo todo tipo de artes autóctonos, apoyando la revigorización de la cultura hindú. Ya habían auspiciado el Hatha Yoga durante más de un siglo, y su biblioteca albergaba las compilaciones ilustradas de asanas más antiguas ahora conocidas como, el Sritattvanidhi (traducido al inglés por el erudito sáncrito Norman E. Sjoman en The Yoga Tradition of the Mysore Palace, Adhinav Publications, New Delhi, 1999).

Durante las siguientes dos décadas, el Maharaja de Misor le ayudo a Krishnamacharya a promover la Yoga por toda la India, financiando demostraciones y publicaciones. Un diabético, el Mahraja se sentía especialmente atraído a la conexión entre la Yoga y la sanación y Krishnamacharya dedicó mucho de su tiempo a desarrollar este vínculo. Pero el puesto de Krishnamacharya en el Colegio Sánscrito no duró. Ejercía medidas de disciplina muy estrictas y sus estudiantes se quejaban. Ya que al Maharaja le agradaba Krishnamacharya y no quería perder su amistad y consejo le propuso una solución, le ofreció a Krishnamacharya el salón de gimnasia del palacio como su propia yogashala o escuela de yoga.

Así empezó un de los periodos más fértiles de Krishnamacharya, durante el cual desarrollo lo que ahora se conoce como Yoga Vinyasa Ashtanga. Dado que los alumnos de Krishnamacharya eran principalmente jóvenes activos, tomo de muchas disciplinas – incluyendo yoga, gimnasia y lucha hindú – para desarrollar secuencias de asanas ejecutadas dinámicamente enfocadas en lograr desarrollar una buena forma física. Este estilo vinyasa usa los movimientos de Surya Namaskar (Saludo al Sol) para entrar en cada asana y salir de ella. Cada movimiento está coordinado con una respiración prescrita y drishti “puntos para fijar la mirada” que enfocan los ojos e instilan una concentración meditativa. Eventualmente, Krishnamacharya estandarizó las secuencias de posturas en tres series: asanas primarias, intermedias y avanzadas. Los estudiantes se agrupaban en orden de experiencia y habilidad, memorizando y dominando cada secuencia antes de avanzar a la siguiente.



Aunque Krishnamacharya desarrollo esta manera de ejecutar la Yoga durante la década de 1930, permaneció virtualmente desconocida para el occidente durante casi 40 años. Recientemente se ha convertido en uno de los estilos de Yoga más populares, principalmente debido al trabajo de uno de los más fieles y famosos discípulos de Krishnamacharya, K. Pattabhi Jois.

Pahhtabhi Jois conoció a Krishnamacharya en los tiempos más duros antes de los años de Misor. Como un joven robusto de12 años, Jois asistió a una de las conferencias de Krishnamacharya. Intrigado por la demostración de asanas, Jois de pidió a Krishnamacharya que le enseñara Yoga. Las lecciones empezaron al día siguiente, horas antes de que sonara la campana de la escuela, y continuaron todas las mañanas durante tres años hasta que Jois se fue de casa para estudiar en el Colegio Sánscrito. Cuando Krishnamacharya recibió su nombramiento de de maestro en el colegio menos de dos años después, un Pattabhi Jois desbordante de gozo retomó sus lecciones de Yoga.

Jois retuvo una gran cantidad de detalles de sus años de estudio con Krishnamacharya. Durante décadas ha preservado ese trabajo con gran devoción, refinando y modulando las secuencias de asanas sin modificaciones significativas, igual que un violinista clásico pude matizar el fraseo de un concierto de Mozart sin cambiar ninguna nota. Jois ha dicho a menudo que el concepto de vinyasa provino de un texto antiguo llamado Yoga Kurunta. Desafortunadamente el texto ha desaparecido; ninguna persona que todavía viva lo ha visto. Existen tantas historias acerca de su descubrimiento y contenido – yo he escuchado al menos cinco versiones conflictivas – que algunos dudan de su autenticidad. Cuando le pregunté a Jois si alguna vez había leido el texto, me respondió “No, sólo Krishnamacharya”. Jois entondes minimizo la importancia de esta escritura, indicando varios otros textos que también le dieron forma al Yoga que aprendió de Krishnamacharya, incluyendo el Hatha Yoga Pradipka, el Yoga Sutra y el Bhagavad Ghita.

Cualesquiera que sean las raíces de Vinyasa Ashtanga, hoy es uno de los componentes más importantes del legado de Krishnamacharya. Tal vez este método, diseñado originalmente para los jóvenes, le ofrece a nuestra cultura de alta energía enfocada en lo externo un portal accesible a un camino de espiritualidad más profunda. En las últimas tres décadas un numero constantemente creciente de yoghis han sido atraídos por su precisión e intensidad. Muchos de ellos han hecho la peregrinación a Misor, en donde Jois mismo dio clases hasta su muerte en mayo de 2009.

Despedazando una tradición

Incluso mientras Krishnamacharya les enseñaba a niños y jóvenes en el Palacio de Misor, sus demostraciones públicas atraían un público más diverso. Disfrutaba el reto de presentarle la Yoga a gente de diferentes orígenes. En las giras frecuentes que llamaba “viajes de propaganda” introdujo la Yoga a soldados británicos, maharajas musulmanes e hindúes de todas las creencias religiosas. Krishnamacharya enfatizaba que la Yoga le podía servir a cualquier credo y ajustaba sus enseñanzas para respetar la fe de cada estudiante. Pero mientras creaba puentes culturales, religiosos y de clases, la actitud de Krishnamacharya permanecía siendo patriarcal. El destino, sin embargo, le jugo un truco. La primera estudiante que llevaría su Yoga al escenario mundial solicitó instrucción en un sari. ¡Y además de todo era una occidental!

La mujer, que se conoció como Indra Devi (nació como Zhenia Labunskaia, en Lativa antes de que fuera parte de la Unión Soviética), era una amiga de la familia real de Misor. Después de ver una de las demostraciones de Krishnamacharya, pidio ser instruida. Al principio, Krishnamacharya se rehusó a enseñarle. Le dijo que su escuela no aceptaba ni a extranjeros ni a mujeres. Pero Devi persistió, convenció al Maharaja a prevalecer sobre su Brahmin. A regañadientes, Krishnamacharya inició sus lecciones, sujetándola a lineamientos dietéticos estrictos y a un horario difícil dirigidos a quebrantar su voluntad. Ella superó cualquier reto que le imponía Krishnamacharya, convirtiéndose eventualmente en una buena amiga así como en una alumna ejemplar.



Después de un aprendizaje de un año, Krishnamacharya instruyó a Devi para convertirse en maestra de yoga. Le pidió que llevara un cuaderno y se pasó varios días dictándole lecciones acerca de la instrucción de Yoga, dieta y pranayama. Tomando de sus enseñanzas, Devi eventualmente escribió el primer libro best-seller de Hatha Yoga: Forever Young, Forever Healthy (Prentice Hall, Inc., 1953). Durante sus años de estudio con Krishnamacharya, Devi fundó la primera escuela de Yoga en Shangai, China, en donde Madame Chang Kai-Shek fue su estudiante. Eventualmente, convenciendo a los líderes soviéticos de que la Yoga no era una religión, le abrió las puertas al Yoga a la Unión Soviética, en donde había sido ilegal. En 1947 se mudó a los Estados Unidos. Viviendo el Hollywood, se le llegó a conocer como “La Primera Dama del Yoga”; atrajo estudiantes célebres como Marilyn Monore, Elizabeth Arde, Greta Gargo y Gloria Swanson. Gracias a Devi, la Yoga de Krishnamacharya disfrutó su primera popularidad internacional.

Aunque estudió con Krishnamacharya durante el periodo de Misor, el yoga que Indra Devi llegó a enseñar se parece poco al Ashtanga Vinyasa de Jos. Presagiando la Yoga altamente individualizada que desarrollaría en años posteriores, Krishnamacharya le enseño a Devi en una forma más suave, adaptándola pero desafiando sus limitaciones físicas.

Devi retuvo este tono suave en su enseñanza. Aunque su estilo no empleaba vinyasa, uso los principios de Krishnamacharya de secuenciar para que sus clases expresaran un viaje deliberado, empezando con posturas de pie, progresando a una asana central seguida de posturas complementarias y concluyendo con relajación. Como a Jois, Krishnamacharya le enseño a combinar pranayama y asana. Los estudiantes de su linaje todavía ejecutan cada postura con las técnicas de respiración prescritas.

Devi le agregó un aspecto devocional a su trabajo, que llama Sai Yoga. La principal postura de cada clase incluye una invocación, para que el punto central de cada práctica implique una meditación en forma de una oración ecuménica. Aunque ella desarrolló este concepto por sí misma, puede estar presente en forma embriónica en las enseñanzas que recibió de Krishnamacharya. Al final de su vida Krishnamacharya también recomendaba los cantos devotos dentro la práctica de asana.

Aunque Devi murió en abril del 2002 a la edad de 102, sus seis escuelas de Yoga todavía están activas en Buenos Aires, Argentina. Hasta hace tres años, todavía enseñó asanas, ya en sus noventas, continuó viajando por el mundo, llevando la influencia de Krishnamacharya a muchos seguidores en norte y sur América. Su impacto en los Estados Unidos disminuyó cuando se cambió a Argentina en 1985, pero su prestigio en America Latina se extiende más allá de la comunidad de Yoga.

Es difícil encontrar a alguien en Buenos Aires que no sepa de ella. Tocó todos los niveles de la sociedad Latina. El chofer del taxi que me llevó a su casa para una entrevista la describió como una “mujer muy sabia”; al día siguiente, Menem, el Presidente de Argentina la visitó para recibir su bendición y consejos. Las seis escuelas de Yoga de Devi imparten 15 clases diarias de asanas y los graduados del programa de capacitación de maestros de cuatro años reciben un grado universitario reconocido internacionalmente.

Continuará

domingo, 23 de enero de 2011

El Legado de Krishnamacharya 2

Por Fernando Pagés Ruiz

Recobrando las raíces de la Yoga

Cuando Yoga Journal me pidió hacer un perfil del legado de Krishnamacharya, pensé que obtener la historia de alguien que murió hace apenas una década sería un trabajo fácil. Pero descubrí que Krishnamacharya sigue siendo un misterio, incluso para su familia. Nunca escribió una memoria completa ni aceptó crédito por sus muchas innovaciones. Su vida está envuelta en el mito. Aquellos que lo conocieron bien han envejecido. Si perdemos sus recuerdos, estamos en riesgo de perder más la historia de un de los adeptos al yoga más sobresalientes, estamos en riesgo de perder una comprensión clara de la historia de la vibrante tradición que hemos heredado.

Resulta intrigante considerar cómo la evolución de la personalidad de este hombre multifacético todavía tiene influencia sobre el yoga que practicamos hoy en día. Krishnamacharya empezó su carrera de enseñanza perfeccionando una versión estricta e idealizada del Hatha Yoga. Entonces cuando las corrientes de la historia la forzaron a adaptarse, se convirtió en un de los grandes reformadores de la Yoga. Algunos de sus estudiantes lo recuerdan como un maestro exigente y volátil, B.K.S Iyengar me dijo que Krishnamacharya pudo haber sido un santo, si no hubiera sido tan malhumorado y egoísta. Otros recuerdan a un mentor gentil que apreciaba su individualidad. Desikachar, por ejemplo, describe a su padre como una persona amable que frecuentemente se ponía las sandalias de su gurú muerto sobre su propia cabeza en un acto de humildad.

Estos dos hombres permanecen siendo extremadamente fieles a su gurú, pero conocieron a Krishnamacharya en diferentes etapas de su vida, es como si recordaran a dos personas distintas. Características aparentemente opuestas todavía se pueden ver en los tonos contrastantes de las tradiciones que inspiró – algunas suaves, algunas estrictas, cada una con un atractivo para personalidades diferentes y dándole profanidad y variedad a nuestra práctica de Hatha Yoga todavía en evolución.

Surgiendo de las sombras



El mundo yoga que Krishnamacharya heredó a su nacimiento en 1888 se veía muy diferente al de hoy en día. Bajo la presión de la dominación colonial británica, el Hatha Yoga casi había desaparecido. Sólo quedaba un pequeño círculo de practicantes hindúes. Pero a mediados del siglo XIX y principios del XX, un movimiento de revitalización le dio nueva vida a la herencia cultural de la India. Siendo un hombre joven Krishnamacharya se sumergió en esta empresa, aprendiendo muchas disciplinas hindúes clásicas, incluyendo el sánscrito, la lógica, el ritual, la ley y las bases de la medicina hindú. Con el tiempo canalizaría estos amplios antecedentes en el estudio de la Yoga, en la que sintetizó la sabiduría de estas tradiciones.

De acuerdo con notas autobiográficas que Krishnamacharya hizo casi al final de su vida, su padre lo inició en la Yoga a la edad de cinco años, cuando empezó a enseñarle los sutras de Patajali y le dijo que su familia era descendente de un yogui reverenciado del siglo XIS, Nathamuni. Aunque su padre murió antes de que Krishnamacharya llegara a la pubertad, le infundió a su hijo una sed general de conocimientos y un desde específico de estudiar Yoga. En otro manuscrito, Krishnamacharya escribió que “cuando todavía era un mocoso”, aprendió 24 asanas de un swami del Sringeri Math, el mismo templo que le dio nacimiento al linaje de Sivananda Yogananda. Entoces, a la edad de 16 años hizo una peregrinación al santuario Nathamuni en Alvar Tirunagari, en donde encontró a su legendario antecesor durante una visión extraordinaria.

Como Krishnamacharya contó la historia siempre, se encontró a un viejo en la entrada del templo que le señalo una huerta de mangos cercana. Krishnamacharya caminó a la huerta en donde colapsó, exhausto. Cuando se levantó, se dio cuenta de que se habían reunido tres yoghis. Su ancestro Nathamuni estaba sentado en el centro. Krishnamacharya se postró ante el y le pidió instrucción. Durante horas, Nathamuni le cantó versos del Yogarahasya (en sánscrito “La esencia de la Yoga”), un texto de más de mil años de antigüedad. Krishnamacharya memorizó y más adelante transcribió estos versos.

Las semillas de muchos elementos de las enseñanzas innovadoras de Krishnamacharya se pueden encontrar en este texto (traducción al inglés de T.K.V. Desikachar, Krishnamacharya Yoga Mandiram, 1998). Aunque la leyenda de su autoría puede parecer extravagante, señala una característica importante en la personalidad de Krishnamacharya: Nunca afirmó originalidad. Desde su punto de vista, la Yoga le pertenecía a Dios. Todas sus ideas, originales o no, las atribuía a textos antiguos o a su gurú.

Después de su experiencia en el santuario de Nathamuni, Krishnamacharya continuó su exploración de una panoplia de disciplinas clásicas hindúes, graduándose en filología, lógica, divinidad y música. Practicó Yoga de los rudimentos que había aprendido a través de textos y la entrevista ocasional con un yogui, pero ansiaba estudiar Yoga más profundamente como se lo había recomendado su padre. Un maestro de la universidad vio a Krishnamacharya practicando sus asanas y le aconsejó buscar a un maestro llamado Sri Ramamohan Brahmachari, uno de los pocos maestros de Hatha Yoga que quedaban.

Sabemos poco de Brahmachari excepto que vivió con su esposa y sus tres hijos en una cueva distante. Según el relato de Krishnamacharya, se pasó siete años con este maestro, memorizando el Yogasutra de Patanjali, aprendiendo asanas y pranayama y estudiando los aspectos terapéuticos de la Yoga. Durante su aprendizaje, Krishnamacharya aseguraba, dominó 3,000 asanas y desarrolló algunas de sus habilidades más sorprendentes, como detener su pulso. A cambio de su enseñanza, Brahmachari le pidió a su leal estudiante que regresara a su tierra natal a enseñar Yoga y establecer un hogar.

La educación de Krishnamacharya lo había preparado para tener una posición en varias instituciones de prestigio, pero renunció a esta oportunidad, escogiendo respetar la solicitud de su gurú. A pesar de todo su entrenamiento, Krishnamacharya regresó a casa a la pobreza. En la década de 1920 enseñar Yoga no era remunerable. Había pocos estudiantes y Krishnamacharya se vio forzado a tomar un empleo como capataz en una plantación de café. Pero en sus días libres, viajaba por toda la provincia dando conferencias y demostraciones de Yoga. Krishnamacharya buscó popularizar la Yoga demostrando las siddhis, las habilidades supranormales del cuerpo yogui. Estas demostraciones, diseñadas para estimular el interés in una tradición que tendía a desaparecer, incluían detener su pulso, detener carros con las manos, hacer asanas difíciles y levantar objetos pesados con los dientes. Para enseñarle Yoga a la gente, sentía Krishnamacharya, primero tenía que llamar su atención.

Por medio de un matrimonio arreglado, Krishnamacharya respetó la segunda petición de su gurú. Los yoghis antiguos eran renunciantes, que vivían en el bosque sin hogares o familias. Pero el gurú de Krishnamacharya quería que el aprendiera acerca de la vida familiar y que enseñara una yoga que beneficiara al cabeza de familia moderno. Al principio, esto probó ser un camino difícil. La pareja vivía en tal pobreza que Krishnamacharya usaba un taparrabo hecho de un pedazo de tela arrancado del sari de su esposa. Más tarde recordaría este periodo como el más difícil de su vida, pero las dificultades sólo apuntalaron la enorme determinación de Krishnamacharya para enseñar Yoga.

Continuará

martes, 18 de enero de 2011

El Legado de Krishnamacharya 1

A finales de 2010 les presenté algunos videos de Pattabhi Jois y algunos de sus alumnos así como otros de B.K.S. Iyengar con el mismo Krishnamacharya. Se dice que este último le dio un nuevo ímpetu a la Yoga en la India y sus dos alumnos mencionados son en gran parte quienes dieron a conocer la Yoga en occidente.

En las próximas semanas compartiré algunas de las cosas que he encontrado acerca de estos tres maestros empezando por este artículo que se publicó originalmente en inglés en la página de Yoga Journal.



El Legado de Krishnamacharya 1

Por Fernando Pagés Ruiz

Puede que nunca hayan oído hablar de él, pero Tirumalai Krishnamacharya influenció o tal vez incluso inventó tu yoga.

Ya sea que practiques las series dinámicas de Pattabhi Jois, las alineaciones refinadas de B.K.S, Iynegar, las posturas clásicas de Indra Devy, o el vinyasa personalizado de Viniyoga, tu practica se surge de una fuente: un Brahmin que medía cinco pies dos pulgadas que nación hace más de cien años en un pequeño pueblo del sur de la India.

Él nunca cruzó un océano, pero la Yoga de Krishnamacharya se ha extendido por toda Europa, Asia y América. Hoy es difícil encontrar una tradición de asanas sobre la que no haya tenido influencia. Incluso si aprendiste de un yogui ahora fuera de las tradiciones asociadas con Krishnamacharya, hay una buena posibilidad de que tu maestro se haya entrenado en los linajes Iyengar, Ashtanga o Viniyoga antes de desarrollar otro estilo. Rodney Yee, por ejemplo, que aparece en muchos videos populares, estudió con Iyengar. Richard Hittleman, un reconocido yogui de la televisión de la década de 1970, se entrenó con Devi. Otros maestros han tomado de varios estilos basados en el de Krishnamacharya, creando enfoques únicos como el Yoga del Loto Blando de Ganga White y el Yoga ISHTA de Manny Finger. La mayoría de los maestros, incluso de estilos no vinculados directamente con Krishnamacharya – Yoga Sivananda y Yoga Bikram, por ejemplo – han sido influenciados por algunos aspectos de las enseñanzas de Krishnamacharya.

Muchas de sus contribuciones se han integrado tan completamente en el tejido del yoga actual que su fuente se ha olvidado. Se ha dicho que él es responsable del énfasis moderno en Sirsasana (parado de cabeza) y Sarvangasana (parado de hombros). Fuen un pionero en la refinación de las posturas, secuenciándolas de manera óptima y dándole un valor terapéutico a asanas específicas. Al combinar pranayama con la asana, el convirtió las posturas en una parte integral de la meditación en lugar de ser sólo un paso hacia ella.

De hecho, la influencia de Krishnamacharya se puede ver más claramente en el énfasis en la práctica de las asanas que se ha convertido en la firma del yoga hoy en día. Probablemente ningún yogui antes que él desarrollo las prácticas físicas tan deliberadamente. En el proceso, transformó el hatha – anteriormente una práctica oscura del yoga – en su corriente central. La resurgencia del yoga en la India le debe mucho a sus giras de conferencias y demostraciones durante la década de 1930 y sus cuatro discípulos más famosos – Jois, Iyengar, Devi y el hijo de Krishnamacharya, T.K.V. Desikachar – jugaron un papel enorme en la popularización del yoga en el occidente.

Continuará