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lunes, 15 de noviembre de 2010

La vida y la muerte como ilusión

Este articulo publicado originalmente el 23 de septiembre en el blog “Yoga: Aprender por el cuerpo” de Adriana Paoletta.


La vida y la muerte como ilusión




El mayor de nuestros miedos es el de no existir o convertirnos en nada. Muchos de nosotros creemos que nuestras existencias se inician en el momento de nacer o de ser concebidos, y que finalizan en el momento en que morimos. Creemos que venimos de la nada y que al morir nos vamos a la nada. Otros muchos piensan que han sido creados por un Principio Supremo y que a su muerte revivirán a la vida eterna. En cualquier caso, estamos embargados por la angustia de la aniquilación.

Ante la muerte, parece que sólo cabe considerar dos opciones posibles: creer en la eternidad de un alma indestructible, o creer en la aniquilación de un cuerpo material perecedero. Multitud de eruditos y filósofos preguntaron en muchas ocasiones al Buda sobre las filosofías opuestas del eternalismo y el nihilismo. A aquellos que le preguntaron si existía un alma eterna, el Buda les respondió que no había un yo permanente; a aquellos que le preguntaron si al morir desaparecíamos en el olvido, les respondió que no había aniquilación. Fiel al camino medio, rechazó ambas ideas extremas.

A partir de su experiencia realizativa, el Buda considera la existencia de una manera totalmente distinta: Nunca hemos nacido y nunca podemos morir. Nacimiento y muerte no son más que conceptos en nuestra mente. El creer que son reales origina en nosotros una poderosa alucinación que nos hace sufrir. El Buda enseñó que no hay ni nacimiento ni muerte, ni llegada ni partida, ni similitud ni disparidad, ni crecimiento ni disminución, ni un yo permanente ni la aniquilación. Sólo creemos que existen. Así, el terror que nos infunde la muerte está causado por nuestras percepciones e ideas erróneas sobre el ser y el devenir. Ahora bien, cuando comprendemos que nuestra verdadera naturaleza original es el no-nacimiento y la no-muerte, nos liberamos del miedo al no-ser, a la aniquilación. Ello requiere que observemos con suma atención y detenimiento las cosas, que penetremos a fondo en su naturaleza última. Entonces conocemos la libertad y la alegría del camino medio que discurre entre los dos extremos del eternalismo y el nihilismo, y podemos disfrutar de la vida y apreciarla de una forma completamente nueva.

Shakespeare dijo por boca de Hamlet: «Ser o no ser, esa es la cuestión.» El Buda dice: «No, esa no es la cuestión.» En realidad es nuestra idea del ser y del no-ser la que nos confunde, la que nos hace creer que algo existe o no existe

Tales ideas no pueden aplicarse a la realidad. No son más que convenciones que nos ayudan a relacionarnos con nuestro entorno. Son conceptos que nos dan un punto de referencia, pero no son reales. La realidad está libre de cualquier concepto o idea. El Buda dijo que si uno queda atrapado en una idea creyendo que es «cierta», pierde la oportunidad de conocer la verdad. El primer ejercicio de concienciación trata, pues, de liberarse de las ideas. La libertad consiste sobre todo en estar libres de nuestros conceptos e ideas. De lo contrario podemos sufrir mucho y también hacer sufrir a otros seres. Sólo cuando nos desprendemos de todas esas ideas sobre el ser y el no-ser puede manifestarse la realidad tal cual es.

Cuando alguien preguntó al Buda: «¿Cuál es la causa de todo cuanto existe?», él se limitó a responder: «Esto es porque aquello es; esto surge porque aquello surge.» Significa que todo depende de todo lo demás para manifestarse. Cuando se dan todas las condiciones necesarias, las cosas se manifiestan; entonces decimos que existen. Y cuando no se dan o fallan alguna o varias condiciones, aquellas cosas ya no pueden manifestarse y se retiran; entonces decimos que no existen. Y esperan a que llegue el momento adecuado para volver a manifestarse. Pero calificar a algo de existente o inexistente es un error, según el Buda, porque en realidad no hay nada que sea totalmente existente o inexistente.

Cuando perdemos a un ser amado hemos de recordar que no se ha convertido en nada. «Algo» no puede convertirse en «nada» y «nada» no puede convertirse en «algo». El ser amado no ha sido destruido, sólo ha adquirido otra forma. Esta forma puede ser una nube, un niño o la brisa. Podemos ver al ser amado en cualquier cosa. Nuestra verdadera naturaleza es la naturaleza del no-llegar y del no-partir. No hemos venido de ninguna parte ni vamos a ninguna parte. Cuando se dan todas las condiciones necesarias nos manifestamos. Y cuando no se dan, dejamos de manifestarnos. Pero esto no significa que no existamos. Simplemente no nos manifestamos. Todo cuanto ha existido, existe o existirá está interconectado con todo lo demás y es interdependiente. Todo cuanto vemos sólo se ha manifestado porque forma parte de algo más, de otras condiciones que permiten que se manifieste.

Puede que seamos lo suficientemente inteligentes como para entenderlo, pero no basta con entenderlo intelectualmente. Lo único que vale es la experiencia directa. Observar la vida con atención. Podemos aprender muchas prácticas para disminuir nuestra tristeza y sufrimiento, pero la crema de la sabiduría iluminada es percibir la verdad del no-nacimiento y la no-muerte. Reconocer que nuestra naturaleza es el no-nacer y el no-morir, el no-llegar y el no-partir, el no-ser y el no no-ser, lo no-similar y lo no-diferente. Hacerlo más allá de toda idea u opinión es liberarse del miedo, es alcanzar la iluminación, es vivir plenamente en el inter-ser. Ello requiere dedicar un tiempo en nuestra vida cotidiana a la práctica de la meditación. Y perseverar. Entonces podremos observar a fondo la naturaleza de las cosas con el poder de la consciencia y la energía de la concentración y de la clara visión.

La dirección de la felicidad es el momento presente. En él está cuanto necesitamos saber. Reservamos un espacio de tiempo para observarnos a fondo. La respuesta está dentro de nosotros. Para que se manifieste sólo necesitamos una condición más: la naturaleza búdica, la capacidad de comprender y percibir nuestra naturaleza real tal cual es. Un maestro no puede dárnosla; sólo puede ayudarnos a entrar en contacto con la naturaleza despierta, con la gran comprensión y compasión que hay en nosotros.

Esta forma de practicar nos permite vivir sin miedo y morir serenamente, sin lamentar nada. Al igual que los grandes seres, cabalgamos libremente sobre las olas del nacimiento y la muerte. Y al vivir y morir así podemos también ayudar a muchas personas que nos rodean a vivir y a morir en paz. Si nuestra presencia es firme y serena, la persona moribunda no se sentirá demasiado asustada y apenas sufrirá. A muchos de nosotros el no-ser nos asusta. Y esta angustia nos hace sufrir mucho. Por eso, es necesario revelar al moribundo la realidad de que somos una manifestación y una continuación de muchas manifestaciones. Hacerle comprender la verdad de que «nada nace, nada muere».

Thich Nhat Hanh

jueves, 14 de octubre de 2010

Cita del día

Nuestro verdadero hogar es el momento presente. Vivir el momento presente es un milagro. El milagro no consiste en andar sobre las aguas, sino en andar sobre la verde tierra en el momento presente, apreciando la paz y la belleza de cuanto está a nuestro alcance. Thich Nhat Hanh

jueves, 22 de abril de 2010

Algo hermoso para meditar




No digas que partiré mañana,
pues aún estoy llegando.
Mirad profundamente: estoy llegando a cada instante,
para ser borte de primavera en una rama,
para ser pajarillo de alas aún frágiles
que aprendo a cantar en mi nuevo nido,
para ser mariposa en el corazón de una flor,
para ser joya oculta en una piedra.

Aún estoy llegando para reir y para llorar,
para temer y para esperar.

El ritmo de mi corazón es el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

Soy un insecto que se metamorfosea
en la superficie del río,
y soy el pájaro
que se precipita para tragarlo.

Soy una rana que nada feliz
en las aguas claras del estanque.
Y soy la serpiente acuática
que sigilosamente se alimenta de la rana.

Soy el niño de Uganda, todo piel y huesos,
mis piernas tan delgadas como cañas de bambú.
Y soy el comerciante de armas
que vende armas letales a Uganda.

Soy la niña de doce años refugiada en
una pequeña embarcación
que se arroja al oceano tras haber sido violada por un pirata.
Y soy el pirata,
cuyo corazón es aún incapaz
de ver y de amar.

Soy un miembro del politburó
con todo el poder en mis manos.
Y soy el hombre que ha pagado
su ¨deuda de sangre¨a mi pueblo
muriendo lentamente en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera, tan cálida
que hace florecer las flores de la Tierra entera.
Mi dolor es como un río de lágrimas
tan basto que llena los cuatro océanos.

Llamadme por mis verdaderos nombres,
os lo ruego para poder despertar
y que la puerta de mi corazón pueda quedar abierta,
la puerta de la compasión.

Thich Nhat Hanh

miércoles, 24 de febrero de 2010

Cita del día

Cuando planta una lechuga, si no crece bien, no culpas a la lechuga. Buscas las razones por las que no está creciendo bien. Puede necesitar un fertilizante, o más agua, o menos sol. Nunca culpas a la lechuga. Sin embargo si tenemos problemas con nuestros amigos o nuestra familia, culpamos a la otra persona. Pero si sabemos como cuidarlos, crecerán bien, como la lechuga. Culpar no tiene ningún efecto positivo, ni tratar de persuadir usando la razón y argumentos. Esa es mi experiencia. No culpar, no razonar, no discutir solo entender. Si entiendes y muestras que entiendes, puedes tener amor y la situación cambiará. Thich Nhat Han

lunes, 22 de febrero de 2010

sábado, 20 de febrero de 2010

Cita del día

Algunas veces la alegría es la fuente de tu sonrisa, pero algunas veces tu sonrisa puede ser la fuente de tu alegría. Thich Nhat Han

jueves, 18 de febrero de 2010

Cita del día

El regalo más preciado que podemos hacer es nuestra presencia. Cuando la consciencia plena abraza a aquellos a quien amamos, florecerán como flores. Thich Nhat Han

martes, 16 de febrero de 2010

Cita del día

La gente se ocupa demasiado con lo negativo, con lo que está mal. ¿Por qué no tratar de ver cosas positivas, sólo tocar estas cosas y hacerlas florecer? Thich Nhat Han

viernes, 12 de febrero de 2010

Cita del día

Y una vez que tenemos la condición de paz y alegría en nosotros, podemos darlos el lujo de estar en cualquier situación. Incluso en la situación del infierno, podremos contribuir a nuestra paz y serenidad. Lo más importante para cada uno de nosotros es tener alguna libertad en nuestro corazón, alguna estabilidad en nuestro corazón, alguna paz en nuestro corazón. Sólo entonces podremos aliviar el sufrimiento a nuestro alrededor. Thich Nhat Han

domingo, 7 de febrero de 2010

jueves, 4 de febrero de 2010

Cita del día

Si observas profundamente la palma de tu mano, verás a tus padres y a todas las generaciones de tus ancestros. Todos ellos viven en este momento. Cada uno está presente en tu cuerpo. Tú eres una continuación de cada una de estas personas. Thich Nhat Han

lunes, 1 de febrero de 2010

Cita del día

La reconciliación es entender a ambas partes, ir a una parte y describir el sufrimiento que está soportando la otra parte, y luego ir a la otra parte y describir el sufrimiento que está soportando la primera parte. Thich Nhat Han

domingo, 31 de enero de 2010

jueves, 28 de enero de 2010

Cita del día

Tenemos más posibilidades disponibles en cada momento de las que nos damos cuenta. Thich Nhat Han

lunes, 25 de enero de 2010

Cita del día

La esperanza es importante porque puede hacer el momento presente más fácil de tolerar. Si creemos que mañana puede ser mejor, podemos soportar una pena hoy. Thich Nhat Han

viernes, 22 de enero de 2010

martes, 19 de enero de 2010

Cita del día

En nuestra vida cotidiana podemos sonreír, si podemos estar en paz y ser felices, no sólo nosotros, sino todos, se beneficiarán. Este es el trabajo para la paz más básico Thich Nhat Han