viernes, 4 de febrero de 2011

Cita del día

Tu vida está determinada no tanto por lo que la vida te trae sino por la actitud que tomas ante la vida; no tanto por lo que te sucede sino por cómo tu mente ve lo que sucede. Kahlil Gibran

jueves, 3 de febrero de 2011

Cita del día

La lógica te llevará de A a B. La imaginación te llevará a cualquier parte. Albert Einstein

miércoles, 2 de febrero de 2011

El Legado de Krishnamacharya 5

Por Fernando Pagés Ruiz

Mantener viva la flama

Aunque nació en una familia de yoghis, Desikachar no sintió ningún deseo de seguir esa vocación. De niño, huía cuando su padre le pedía que hiciera asanas. Krishnamacharya lo atrapó una vez, ató sus manos y pies en Baddha Padmasana (Postura del loto atado) y lo dejo atado durante media hora. La pedagogía como esta no motivaba a Desikachar a estudiar Yoga, pero eventualmente la inspiración llegó por otro camino.

Despues de recibirse de ingeniero en la universidad, Desikachar regresó con su familia para una visita corta. Estaba en ruta a Delhi, en donde le habían ofrecido un buen trabajo con una compañía europea. Una mañana, mientras Desikachar estaba sentado en los escalones leyendo un periódico, vio un gran automóvil americano acercarse por la calle angosta frente a la casa de su pader. Justo entonces, Krishnamacharya salió de la casa, vestía únicamente un dhoti y las marcas sagradas que señalaban su devoción de toda la vida al dios Vishnu. El automóvil se detuvo y una mujer de edad media de apariencia europea salto del asiento trasero gritando “¡Profesor, Profesor!. Corrió hacia Krishnamacharya y lo abrazó.

Desikachar se debe haber puesto pálido cuando su padre le regresó el abrazo a la mujer. En aquellos tiempos, las mujeres occidentales y los Brahmins simplemente no se abrazaban – especialmente a la mitad de la calle, y especialmente no un Brahmin tan tradicional como Krishnamacharya. Cuando la mujer se fue. “¿Por qué?” fue todo lo que Desikachar pudo tartamudear. Krishnamacharya le explicó que la mujer había estudiando Yoga con el. Gracias a la ayuda de Krishnamacharya, se había podido quedar dormida la noche anterior sin usar drogas por primera vez en 20 años. Tal vez la reacción de Desikachar a esta revelación fue la providencia, o el karma, ciertamente, esta evidencia del poder del Yoga le dio una curiosa epifanía que cambió su vida para siempre. En un instante, decidió aprender lo que su padre sabía.



Krishnamacharya no recibió bien el recién adquirido interés de su hijo por la Yoga. Le dijo a Desikachar que siguiera su carrera de ingeniero y dejara la Yoga en paz. Desikachar se negó a escuchar. Rechazó el empleo en Delhi, aceptó un trabajo en una compañía local y acosó a su padre para que le diera lecciones. Eventualmente Krishnamacharya cedió. Pero para asegurarse del interés de su hijo – o tal vez para desanimarlo – Krishnamacharya le exigió a Desikachar empezar con las lecciones a las 3:30 de la mañana todos los días. Desikachar aceptó someterse a los requerimientos de su padre pero insistió en una condición suya. Nada de Dios. Un ingeniero iflexible, Desikachar pensó que no tenía ninguna necesidad de una religión. Krishnamacharya respetó su deseo y empezaron sus lecciones con asanas y cantos del Yoga Sutra de Patanjali. Ya que vivían en un departamento de una sola habitación, toda la familia se veía forzada a unirse a ellos, aunque medio dormidos. Las lecciones continuaron durante 28 años, aunque no siempre tan temprano.

Durante los años en los que le enseñó a su hijo, Krishnamacharya continuó refinando el enfoque Viniyoga, adpatanod los métodos Yoga para los enfermos, mujeres embarazadas, niños – y desde luego, aquellos que buscaban iluminación espiritual. Llego a dividir la práctica de Yoga en tres etapas representando la juventud, la edad madura y la vejez. Primero, desarrollar fuerza muscular y flexibilidad; segundo, mantener la salud durante los años de trabajo y de criar a una familia; finalmente, ir más allá de la práctica física para enfocarse en Dios.

Desikachar obervó que, conforme progresaban los estudiantes, Krishnamacharya empezaba a darle énfasis no solo a las asanas más avanzadas, sino también a los aspectos espirituales de la Yoga. Desikachar se dio cuenta de que su padre sentía que cada acción debía ser un acto de devoción, que cada asana debía llevar a una calma interna. Similarmente, el énfasis de Krishnamacharya en la respiración quería transmitir implicaciones espirituales junto con los beneficios psicológicos.

De acuerdo a Desikachar, Krishnamacharya describía el ciclo de la respiración como un acto de entrega: “Inhala, y Dios se te acerca. Sostén la inhalación, y Dios permanece contigo. Exhala, y te aproximas a Dios. Sostén la exhalación, y entrégate a Dios”.

Durante los últimos años de su vida, Krishnamacharya introdujo los cantos Védicos en la práctica de Yoga, siempre ajustando la cantidad de versos para igualar el tiempo que el estudiante debía mantener la postura. Esta técnica les ayuda d los estudiantes a mantenerse enfocados y también les proporciona un paso hacia la meditación.

Al pasar a los aspectos espirituales del Yoga, Krishnamacharya respetaba el origen cultural de cada uno de sus estudiantes. Una de sus antiguas estudiantes, Patricia Miller, que ahora enseña en Washington D.C., lo recuerda dirigiendo una meditación ofreciendo alternativas. Instruía a sus estudiantes para que cerraran los ojos y observaran el espacio entre las cejas y luego decía, “Piensen en Dios, si no en Dios, en el sol, si no en el sol, entonces en sus padres”. Krishnamacharya sólo ponía una condición, explica Miller: “Que reconociéramos un poder más grande que nosotros”.

Preservando el legado.

Hoy Desikachar extiende el legado de su padre supervisando la Krishnamacharya Yoga Mandiram en Chenai, India, dónde se enseñan todos los enfoques contrastantes del Yoga de Krishnamacharya y donde se traducen y publican sus escritos. Con el tiempo. Desikachar abrazó todas las enseñanzas de su padre, incluyendo su veneración a Dios. Pero Desikachar también entiendo el escepticismo occidental y enfatiza la necesidad de quitarle al Yoga sus simbolismos hindúes para que siga siendo un vehiculo para toda la gente.

La visión del mundo de Krishnamacharya estaba arraigada en la filosofía Védica, el occidente moderno está arraigado en la ciencia. Educado en ambas, Desikachar ve su papel como el de un traductor, transmitiendo la antigua sabiduría de su padre a los oídos modernos. El principal enfoque tanto de Desikachar como de su hijo, Kausthub, es compartir la antigua sabiduría Yoga con la siguiente generación. “Les debemos a los niños un mejor futuro”, dice. Su organización da clases de Yoga a los niños, incluyendo a los minusválidos. Además de publicar historias apropiadas a su edad y guías espirituales, Kausthub está desarrollando videos para demostrar técnicas para enseñarles a los niños usando métodos inspirados por el trabajo de su abuelo en Misor.

Aunque Desikachar se pasó casi tres décadas como alumno de Krishnamacharya, dice haber vislumbrado apenas lo básico de las enseñanzas de su padre. Tanto los intereses como la personalidad de Krishnamacharya parecían un kaleidoscopio; la Yoga era sólo una pequeña parte de lo que sabía. Krishnamacharya también estudió disciplinas como filología, astrología y música también. En su propio laboratorio Ayurvédico, preparaba recetas herbales.

En la India, todavía es conocido más como un sanador que como un yogui. También era un chef gourmet, un horticulturista y un astuto jugador de cartas. Pero el aprendizaje enciclopédico que a veces lo hacía parecer distante e incluso arrogante en su juventud – “Intoxicado intelectualmente”, como lo caracteriza amablemente Iyengar – eventualmente dio paso a un anhelo de comunicación. Krishnamacharya se dio cuenta de que mucho del aprendizaje tradicional hindú que atesoraba estaba desapareciendo, así que abrió su vasta reserva de conocimientos a cualquiera con un sano interés y suficiente disciplina. Sentía que la Yoga se tenía que adaptar al mundo moderno o perecería.

Una máxima hindú sostiene que cada tres siglos nace alguien para energizar una tradición. Tal vez Krishnamacharya era un avatar así. Mientras que tenía un enorme respeto por el pasado, tampoco dudaba en experimentar e innovar. Al desarrollar y refinar diferentes enfoques, hizo que la Yoga se hiciera accesible para millones. Eso, finalmente, es su más grande legado.

Tan diversas como se han hecho las prácticas de los diferentes linajes de Krishnamacharya, la pasión y la fe en la Yoga siguen siendo su herencia común. El mensaje tácito de sus enseñanzas es que la yoga no es una tradición estática, es un arte viviente que respira y crece constantemente a través de los experimentos y la experiencia que profundiza de cada practicante.

Fernandeo Pagés Ruiz, un columnista, periodista investigador y editor contribuyente de Yoga Journal, vive en Lincoln, Nebraska.

Cita del día

El cuerpo tiene una gran sabiduría, acéptala. Déjalo que siga más y más su propia sabiduría. Y siempre que tengas tiempo, relájate. Osho

martes, 1 de febrero de 2011

Cita del día

Si un hombre desprecia la educación, camina cojo hasta el final de su vida. Platón

lunes, 31 de enero de 2011

Cita del día

Lo obvio es aquello que nunca se ve hasta que alguien lo expresa simplemente. Kahlil Gibran

domingo, 30 de enero de 2011

Cita del día

No podemos solucionar problemas usando el mismo tipo de pensamientos que usamos cuando los creamos. Albert Einstein

sábado, 29 de enero de 2011

El Legado de Krishnamacharya 4

Por Fernando Pagés Ruiz

Instruyendo a Iyengar.

Durante el periodo en el que estaba instruyendo a Devi y a Jois, Krishnamacharya también le enseñó brevemente a un niño llamado B.K.S Iyengr, que crecería para tal vez desempeñar el papel más significativo de todos para llevar el Hatha Yoga al occidente. Es difícil imaginar como sería nuestro Yoga actual sin las contribuciones de Iyengar, especialmente su articulación sistemática y detallada precisamente de cada asana, su investigación en sus aplicaciones terapéuticas y su riguroso sistema de entrenamiento de varios niveles que ha producido tantos maestros destacados.



También es difícil saber exactamente que tanto le afecto el entrenamiento con Krishnamacaharya al desarrollo posterior de Iyengar. Aunque intensa, la permanencia de Iyengar con su maestro apenas duró un año. Junto con la devoción ardiente hacia la Yoga que le evocó a Yyengar, tal vez Krishnamacaharya plantó las semillas que más adelante madurarían en la Yoga madura de Iyengar. (Algunas de las características por las que es notable la Yoga de Iyengar – particularmente, las modificaciones a las posturas y el uso de la toga para sanar – son bastante similares a las que Krishnamacaharya desarrolló en su trabajo posterior). Tal vez cualquier investigación profunda en el Hatha Yoga tiende a producir resultados paralelos. De cualquier manera, Iynegar siempre ha venerado a su gurú de la infancia, todavía dice “Soy un pequeño modelo en Yoga, mi guruji era un gran hombre”.

El destino de Iyengar no fue aparente al principio. Cuando Krishnamacharya invitó a Iyengar a su hogar – la esposa de Krishnamacharya era hermana de Iyengar – predijo que el adolescente tieso y enfermizo no tendría éxito en Yoga. De hecho, el relato de Iyengar de su vida con Krishnamacharya suena como una novela de Dickens. Krishnamacharya podía ser un maestro extremadamente duro. Al principio casi no se molestaba en enseñarle a Iyengar, que se pasaba los días regando su jardín y haciendo otras tareas. La única amistad de Iyengar era con su compañero Keshavamurthy, que era el protegido favorito de Krishnamacharya. En un giro extraño del destino, Keshavamurthy desapareció una mañana y nunca regresó. Krishnamacharya estaba a sólo uno días de una demostración importante en la yogashala y dependía de su alumno estrella para ejecutar las asanas. Frente a esta crisis, Krishnamacharya rápidamente el empezó a enseñar a Iyengar una serie de posturas difíciles

Iyengar practicó diligentemente y, en el día de la demostración, sorprendió a Krishnamacharya ejecutando las asanas excepcionalmente. Después de esto Krishnamacharya empezo a instruir a su persistente alumno con ahínco. Iyengar progresó rápidamente. Empezó a asistir a clases en la yogashala y a acompañar a Krishnamacharya en las giras de demostración de Yoga. Pero Krishnamacharya continuó con su estilo autoritario de Instrucción. Una vez, cuando Krishnamacharya le pidió que demostrara Hanumanasana (una apertura completa) Iyengar dijo que nunca había aprendido esa postura. “¡Hazlo!” ordenó Krishnamacharya. Iyengar obedeció y se desgarró el tendón.

El corto aprendizaje de Iyengar terminó abruptamente. Después de una demostración de Yoga en la Provincia de Karnatak en el norte, un grupo de mujeres le pidió a Krishnamacharya que les diera instrucción. Krishnamacharya escogió a Iyengar, su estudiante más joven, para que enseñara a las mujeres en una clase separada, ya que los hombres y las mujeres no estudiaban juntos en esos días. La enseñanza de Iyengar las impresionó. A su solicitud, Krishnamacharya asignó a Iyengar para que se quedara para ser su instructor.

La enseñanza representó una promoción para Iyengar, pero hizo poco para mejorar su situación. La enseñanza de Yoga todavía era una profesión marginal. A veces, recuerda Iyengar, sólo comía un plato de arroz en tres días, sosteniéndose principalmente de agua. Pero se dedico al Yoga con determinación. De hecho, dice Iyengar, estaba tan obsesionado que algunos vecinos y familiares consideraban que estaba loco. Practicaba durante horas, usando pesadas piedras de adoquín para forzar sus piernas en Baddha Konasana (postura del ángulo atado) y doblándose hacia atrás sobre una aplanadora estacionada en la calle para mejorar su Urdhva Dhanurasana (Perro boca arriba). Preocupado por su salud, el hermano de Iyengar arregló su matrimonio con una muchacha de 16 años llamada Ramamani. Afortunadamente para Iyengar, Ramamani respetó su trabajo y se convirtió en una pareja importante en su investigación de las asanas.

A cientos de millas de distancia de su guru, la única manera que tenía Iyengar para aprender acerca de las asanas era explorar las posturas con su propio cuerpo y analizar sus efectos. Con la ayuda de Ramamani, Iyengar refinó y perfeccionó las asanas que aprendió de Krishnamacharya.

Como Krishnamacharya, conforme Iyengar fue teniendo alumnos, modificó y adaptó las posturas para satisfacer las necesidades de sus estudiantes. Y, como Krishnamacharya, Iyengar nunca dudó en innovar. Abandonó casi totalmente el estilo vinyasa de la práctica de su mentor. En cambio, investigó constantemente la naturaleza de la alineación interna considerando el efecto sobre todas las partes del cuerpo, incluyendo la piel, en el desarrollo de cada postura. Ya que mucha gente con menor condición física que los jóvenes estudiantes de Krishnamacharya acudían con Iyengar en busca de instrucción, aprendió a usar artefactos para ayudarlos. Y ya que algunos de sus estudiantes estaban enfermos, Iyengar empezó a desarrollar las asanas como una práctica de sanación, creando programas terapéuticos específicos. Además Iyengor llegó a considerar el cuerpo como un templo y las asanas como la oración. El énfasis de Iyengar en las asanas no siempre le agradó a su antiguo maestro. Aunque Krishnamacharya alababa la habilidad de Iyengar en la práctica de las asanas, en la celebración del cumpleaños 60 de Iyengar, también sugirió que era el momento de que Iyengar abandonara las asanas y se concentrara en la meditación

Durante las décadas de 1930, 1940 y 1950, la reputación de Iyengar como un maestro y un sanador creció. Tuvo estudiantes conocidos y respetados como el filósofo Jiddhu Krishnamurti y el violinista Yehudi Menuhin, que ayudo a atraer estudiantes occidentales a sus enseñanzas. Para la década de 1960 laYoga empezaba a formar parte de la cultura mundial e Iyengar era reconocido como uno de sus principales embajadores.

Sobreviviendo los años flacos.

Incluso conforme sus estudiantes prosperaron y difundieron su evangelio del Yoga, Krishnamacharya se encontró con tiempos difíciles. Para 1947, las inscripciones al yogashala habían disminuido. De acuerdo con Jois, sólo quedaban tres estudiantes. Se terminó el patrocinio gubernamental; la India obtuvo su independencia y los políticos que reemplazaran a la familia real de Misor tenían poco interés en la Yoga. Krishnamacharya luchó para mantener su escuela, pero en 1950 se cerró. Siendo un maestro de Yoga de 60 años Krishnamacharya se encontró en la difícil posición de tener que volver a empezar.



A diferencia de sus protegidos, Krishnamacharya no disfrutaba los beneficios de la creciente popularidad del Yoga. Continuó estudiando, enseñando y desarrollando su Yoga casi en la oscuridad. Iyengar especula que este periodo solitario cambió su disposición. Como lo ve Iyengar, Krishnamachayra podía mantenerse distante bajo la protección del Maharaja, pero al estar solo y tener que buscar estudiantes privados, Krishnamacharya tuvo más motivaciones para adaptarse a la sociedad y desarrollar una mayor compasión.

En 1920, Krishnamacharya luchaba para encontrar trabajo, eventualmente tuvo que dejar Misor y aceptar un puesto de maestro en la Universidad Vivekanda en Chennai. Lentamente aparecieron nuevos estudiantes, incluyendo gente de todos los niveles y en diferentes estados de salud y Krishnamacharya descubrió nuevas formas para enseñarles. Conforme llegaron estudiantes con menores aptitudes físicas, incluyendo algunos con discapacidades, Krishnamacharya se enfocó en modificar las posturas para la capacidad de cada estudiante.

Por ejemplo, instruía a un estudiante a hacer Paschimottanasana con las rodillas derechas para estirar los tendones, mientras que un estudiante más tieso podía aprender la misma postura con las rodillas dobladas. Similarmente, variaba la respiración para satisfacer las necesidades del estudiante, reforzando el abdomen algunas veces enfatizando en la exhalación y otras veces apoyando la espalda enfatizando la inhalación. Krishnamacharya variaba la duración, la frecuencia y la secuencia de las asanas para ayudarles a los estudiantes a alcanzar metas de corto plazo específicas, como recuperarse de una enfermedad. Conforme avanzaba la práctica de un estudiante, le ayudaba a refinar las asanas hacía la forma ideal. A su manera individual, Krishnamacharya les ayudó a sus estudiantes a pasar de un Yoga adaptado a sus limitaciones a un Yoga que aumentaba sus habilidades. Este enfoque, que ahora se nombra usualmente como Viniyoga, se convirtió en el hito de la enseñanza de Krishnamacharya durante sus décadas finales.

Krishnamacharya parecía estar dispuesto a aplicar esas técnicas a casi cualquier reto de salud. Una vez, un doctor le pidió que ayudara a una victima de una embolia. Krishnamacharya manipuló las extremidades sin vida del paciente en varias posturas, una especie de terapia física yogui. Como sucedía con muchos de los estudiantes de Krishnamacharya, la salud del hombre mejoró – y también mejoró la fama de Krishnamacharya como sanador.

Fue esta reputación de sanador que atraería al último discípulo importante de Krishnamacharya. Pero en ese momento, nadie – y menos que nadie Krishnamacharya – se hubiera imaginado que su hijo, T.K.V. Desikachar, se convertiría en un yogui renombrado que transmitiría todo el alcance de la carrera de Krishnamacharya, especialmente sus últimas enseñanzas, al mundo occidental de Yoga.

Continuará

Cita del día

Las buenas acciones nos dan fuerza e inspiran a otros para hacer buenas acciones. Platón

viernes, 28 de enero de 2011

Cita del día

La fe es un conocimiento dentro del corazón, más allá del alcance de la comprobación. Kahlil Gibran